August 6, 2019

No debería funcionar

Hace casi 30 años cuando estaba en la universidad, una amiga y yo vimos un anuncio en el periódico en donde promovían  tratamientos para la celulitis. El anuncio decía que la evaluación era gratis y el tratamiento tenía un descuento especial válido por los siguientes meses. Mi amiga y yo fuimos emocionadas a la estética porque a esa edad todo lo que dice ‘gratis’ es atractivo. Bien sabíamos que teníamos muy poco dinero para el tratamiento si lo necesitáramos.

Nos atendieron dos especialistas’distintas. A mí me dijeron que ya estaba en la etapa previa al celulitis y si no recibía el tratamiento desarrollaría celulitis severa en cuestión de meses. La esteticista sacó varios documentos y trípticos y me explicó el peligro en el que estaban mis muslos. Me lo pintó como si la celulitis fuera lo peor que me podría suceder. Me explicó que ya nunca más podría ponerme pantaloncitos ni faldas cortas y que me olvidara de los trajes de baño. La única solución era tomar inmediatamente el tratamiento que su centro ofrecía.

Obviamente tuve que decirle que lo pensaría (en Panamá eso significa que no) pues aunque casi que me había convencido, yo era estudiante universitaria extranjera quien dependía completamente de mis padres para suplir mis gastos. No tenía manera de conseguir dinero para hacerme ese tratamiento milagroso que prometía resolverme el futuro.

Al salir le conté a mi amiga todo lo que me habían dicho. Resulta que ella recibió exactamente la misma plática con las mismas advertencias. Nos preguntamos cómo era posible que siendo tan diferentes físicamente ambas tuviésemos exactamente la misma condición.

Hace unos meses una amiga me habló de un tratamiento que se había hecho para bajar la panza. Me dijo que en tres semanas obtendría los resultados finales pero que desde ya ella veía los cambios. Esperé pacientemente que se cumpliera el tiempo y le pedí que me enviara fotos de antes y después. Me gustaron sus resultados así que decidí ir al mismo spa a recibir ese mismo tratamiento.

Mientras que me alistaba para ir a mi cita al spa me dije a mí misma ‘¿de verdad que vas a manejar hasta la ciudad para hacerte eso? Bien sabes que tu panza es por comer chatarra y si lo dejas de hacer se resuelve tu problema.’  Pero me dije a mí misma que este sería mi regalo de cumpleaños porque llegar al medio siglo sin achaques ( y sin anteojos) es todo un logro.

Llegué demasiado temprano al lugar y no habían abierto aun. Cuando finalmente abrieron tomaron varios minutos para acomodar y revisar. Yo era la única cliente esperando pero a los pocos minutos llegaron dos señoras más. Noté que a las otras dos las pasaron a las cabinas para atenderlas y a mí no. Traté de justificarlo diciendo que seguramente ellas se harían otros tratamientos y mi especialista no había llegado. Entró una pareja y anunciaron que venían a hacerse el mismo tratamiento que yo buscaba.  Luego escuché un susurro en el pasillo. La recepcionista le decía a una de las esteticistas que yo había llegado de primero. La otra le contestó que me enviara a la cabina número cinco.

La recepcionista salió y con una gran sonrisa me pidió que pasara a la cabina 5. Entré a la cabina, guindé mi cartera y no supe qué más hacer así que desaté la correa de mis sandalias. Había una camilla y varios aparatos. No había espacio para sentarme. Me recosté contra la pared a leer de mi Kindle. Pasaron como cinco minutos y entró una joven con la cabeza agachada. Me dijo su nombre pero como no me miró a los ojos no tengo ni la menor idea de lo que dijo. Me preguntó qué parte de mi cuerpo deseaba corregir y le dije que quería bajar la panza. Me pidió que se lo mostrara y eso fue como el principio del fin.

Su siguiente pregunta fue cuándo había dado a luz. Le dije que hace 16 años. Me dijo que ya esa grasa estaba vieja y no era candidata para ese tratamiento. Le dije que esa pancita era reciente y no es que la cargaba así desde el embarazo. Me dijo que igual el músculo debajo estaba estropeado y que el tratamiento que yo buscaba era para mujeres más delgadas. No me reí en su cara porque ya no hago esas cosas, pero sí levanté una ceja. ¿Grasa vieja y músculos estropeados? ¿Mujeres más delgadas? Pensé en la pareja que esperaba afuera y en las personas en los videos que había revisado antes de tomar mi decisión. Todos eran más espaciosos que yo.

En ese momento decidí que estaba en presencia de la estupidez y cuando eso pasa, yo guardo silencio.

La joven malinterpretó mi silencio. Con mucha emoción me habló de otro tratamiento que es el que ella hacía. Sacó su celular y me mostró videos y fotos. Me dijo que ese tratamiento era para casos como el mío. No me impresionó. Me dijo que para hacer ese tratamiento había que tomarse una pastilla para el dolor porque era molestoso. Me dijo que tendría que asistir a varias sesiones semanales. Sus ojos brillaban, quizás porque ya estaba haciendo planes con la comisión que cobraría por venderme este paquete que costaba tres veces más que el que yo buscaba.

Con una gran sonrisa me preguntó para cuando me programaba la cita. Le recordé que yo venía a hacerme lo otro. Me dijo que entonces tendría que esperar 30 minutos más. Miré mi reloj. Mi cita había sido programada para las 9 am. Ya eran las 9:40. Habían desperdiciado 40 minutos de mi tiempo.

-No puedo esperar. Tengo una cita en mi oficina a las 12

-Entonces ¿para cuándo le programo la cita?

-Nunca. No voy a regresar. Gracias.

Amarré mis zapatitos, recogí mi carterita y me retiré con una gran sonrisa en mi cara.

Eso de hacer sentir mal a las mujeres para que compren un producto o servicio es una técnica vieja que funciona y por eso lo siguen haciendo. Es que las mujeres queremos ser bonitas y si nos dicen que tenemos un defecto, muchas se llenan de ansiedad y tratan de corregirlo. Por eso es que en muchos salones de belleza te venden tratamientos y productos que realmente no necesitas. Le hacen a uno sentir mal y uno abre la cartera. Eso no funciona a esta edad. Se equivocó de persona. A mí me tratas de ofender o alarmar y por ahí mismo me pierdes.

6 Comments

  1. Karol August 6, 2019 5:05 pm

    Me encantó la connotación científica del diagnóstico “grasa vieja y músculo estropeado”….muy profesional!!

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    • Dinorah Blackman August 6, 2019 8:07 pm

      Toda una eminencia en anatomía y fisiología humana!

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  2. Elke Jackson August 6, 2019 6:21 pm

    Love this article Dinoh so true. We know at this age what we want, and can read between the lines blindfolded. Thanks for sharing.

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    • Dinorah Blackman August 6, 2019 8:07 pm

      Thank you for reading!

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  3. Alexandra August 7, 2019 6:51 am

    Exactamente Dinorah! Así son estas estéticas, ofrecen una cosa y quieren hacer otra. Donde yo iba además del tratamiento querían venderme un colágeno que cuesta 45.00 y que si no lo tomaba no tendría los resultados deseados + un té para el metabolismo (5 bolsitas x 15.00). Todo es cuestión de voluntad nuestra, el cambio es de adentro hacia afuera.

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    • Dinorah Blackman August 8, 2019 1:51 pm

      Así es. Lo de afuera es importante pero si se trabaja bien lo de adentro es más difícil caer presa de esas estafas sutiles.

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