May 20, 2019

No es personal

Si has leído  el libro Los Cuatro Acuerdos escrito por Don Miguel Ruiz, reconocerás que uno de los acuerdos es no tomar lo que hacen las demás personas de manera personal. Es un consejo sabio e importante para los tiempos en que vivimos.

Hace unos años un grupo de estudiantes, a quienes les había dado clases en el 2008 cuando estaban en séptimo grado, hicieron una trastada grande en su colegio. Ya estaban por graduarse de la secundaria y se les ocurrió hacer una última ‘travesura’ para ser recordados. Parece que se les fue la mano, ya ni recuerdo los detalles, pero hicieron algo tan feo que se comentó bastante en redes sociales. Una mujer adulta, quien había sido también mi estudiante muchos años antes en otro colegio, compartió los detalles en su cuenta personal de Facebook. Comenté que recordaba muy bien a ese grupo y cómo la administración del colegio me criticaba por ser demasiado estricta con ellos. Una supervisora hasta me había dicho que ellos no estaban acostumbrados a eso, y sugirió que eliminara las medidas disciplinarias. Terminé mi comentario diciendo que eso se veía venir porque cuando los adolescentes crecen sin reglas y sin estructura creen que todas sus tonterías dan risa.

Alguien hizo captura de mi comentario y lo publicó en un tabloide online que se dedica a compartir chismes. Me enteré porque algunos estudiantes del grupo acusado lo leyeron y me contactaron para explicar que no todos habían participado de la fechoría y otros querían explicar lo que realmente había sucedido. Una madre preocupada por mis palabras preguntó quién me había pedido que no exigiera disciplina, pues su hijo estuvo en ese grupo de séptimo y ella siempre agradeció que yo fuera estricta con él.

Fui a la página de chismes y leí la publicación. La persona que escribió el artículo había agregado que si hubiesen permitido a la profesora corregirlos en séptimo grado no hubieran actuado de esta manera en duodécimo grado.

Debajo del artículo leí un comentario que me dejó fría. Alguien a quien conocía muy bien había comentado que yo era una descarada y era la menos indicada para hablar de disciplina porque yo era lo más bajo que podía ser un humano. Creo que me llamó rata y ladrona entre otras cosas. Ese comentario me dolió mucho, porque yo conocía a la persona desde pequeños, habíamos sido amigos en un tiempo, nuestros hijos jugaban juntos. Jamás pensé que me odiara tanto. Lo peor fue que no sabía en qué se basaba para describirme de esa manera.

Me tomó una semana entera superar ese dolor. No lo comenté con nadie, simplemente me recordé a mí misma que él mentía y que cualquiera que me conoce jamás le creería. Los que no me conocían no me importaban tanto.

Ese incidente quedó en el olvido hasta hace unos días cuando, por razones que desconozco, lo volví a recordar ya sin dolor, pero con mucha lástima por esa persona. No he sabido de él en muchos años y no le deseo mal. Pero estoy segura que lo que sea que le inspiró a hablar tan mal de mí no tenía nada que ver conmigo. Ojalá haya encontrado paz. Ojalá haya aprendido que no podemos lanzar veneno sin correr el riesgo de envenenarnos nosotros mismos. Ojalá se haya dado cuenta de que el mal que le deseamos a otros generalmente nos persigue… por mucho tiempo.

One Comment

  1. Mercy June 17, 2019 11:16 am

    Es deprimente y desalentador cómo algunos centros educativos, por no perder alumnos-una buena cuenta de ingreso, se hacen de la vista gorda o solapan la actitud de adolescentes que claman por disciplina (amor y seguridad).

    Reply

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*