septiembre 18, 2017

Eso no da pena

Cada cierto tiempo me encuentro con una pareja joven con una bebé parados frente a un supermercado de la localidad. El chico vende chocolates a cuatro piezas por un dólar. Cada vez que paso les doy el dinero pero no agarro los chocolates. Me encantan pero trato de no comer dulces.

De hecho, esa ha sido mi costumbre desde hace varios años. Uno siempre se encuentra con personas vendiendo desde lápices y agujas hasta goma de mascar y cepillos de dientes. Siempre coopero con ellos, pero no tomo el producto. Es que para mí es importante ver que por lo menos están haciendo algo para mejorar su situación y no sólo están sentados en una esquina con la mano abierta. (La verdad es que también desconfío mucho de la calidad e higiene de los productos que venden).

La semana pasada al entrar al supermercado el joven me ofreció sus chocolates. Le sonreí y le dije que cuando salía le compraría. Me reconoció y sus ojos se iluminaron.

– Ah, sí. Usted siempre me apoya.

Hice mis compras y al salir le di el dinero al chico. Me ofreció los chocolates y le dije: -No como chocolates, ¿recuerdas?

-¡Entonces me da pena!

-Pena da robar. Tú estás trabajando.

-Sí,  pero no todos lo ven así. Es que acaba de pasar un señor que siempre me apoya y cuando se alejó, la esposa le regañó y le dijo que dejara de ayudar a ‘esa clase de gente. Que vayan a buscar trabajo’. No es que no he buscado trabajo pero no es fácil. Somos extranjeros y no tenemos permiso de trabajo. Pero yo estoy dispuesto a hacer de todo.

Mientras conversábamos identifiqué su acento. Le pregunté por la chica y me dijo que ella había entrado a comprar leche para la bebé. Me contó que tiene 20 años. Calculé que la chica seguramente tenía esa edad o menos y que la bebé tendría entre 8 y 10 meses.

-No te desanimes. Sólo cree que mereces todo lo bueno y sigue trabajando para lograrlo. Por ahí viene algo mejor.

Sus ojos brillaron y su sonrisa se hizo inmensa. Empecé a caminar hacia mi carro y el chico seguía bendiciéndome. Por último gritó: -¡Gracias! ¡Sus palabras son el mejor regalo que me pudo haber dado!

No es todos los días que uno se encuentra con jóvenes dispuestos a salir adelante. La moda últimamente es quedarse en casa haciendo nada y dependiendo totalmente de sus padres.

Recientemente les pregunté a mis estudiantes adolescentes cómo debe reaccionar la sociedad cuando las niñas menores insisten en iniciar su vida sexual a los 12 y 13 años. ¿Qué deben hacer los padres cuando estas niñas se embarazan? Es obvio que rechazarlas no es la solución, pero qué se debe hacer para que aprendan la lección? Una estudiante contestó: “deben permitirles ser padres sin ningún tipo de ayuda. Así aprenderán que la vida no es barata y que ser mamá es demasiado difícil.”

La tendencia natural de los padres modernos es querer solucionarles todos los problemas a sus hijos. Dicen que es amor, pero en realidad es cortarles las alas y no permitirles madurar y aprender a ser responsables.

Creo que mi estudiante tiene toda la razón y creo que la parejita parada frente al supermercado estará bien.

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One Comment

  1. Karina Fernández septiembre 22, 2017 10:19 am

    Así mismo es, para tener algo y ser independiente hay que trabajar por ello. Hay demasiada juventud tras el paraguas de mamá y papá.

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