julio 25, 2018

La varita mágica

Hace unas semanas grabé un video con la intención de compartirlo en un grupo en redes sociales. En el video explicaba que muchas mujeres han aprendido el mal hábito de castrar a los hombres. Parece que muchos hombres se sintieron identificados con la descripción generalizada que di de un hombre castrado y muchas mujeres se dieron cuenta que estaban procediendo mal en sus relaciones. La cosa es que el video hizo sus rondas y algunas personas trataron de contactarme personalmente.

Empecé a recibir mensajes de desconocidos en mi cuenta de Facebook y de WhatsApp. Lo de Facebook no me molestó mucho pero sí me incomodó bastante que alguien regalara mi número sin mi autorización.

La parte más desagradable fue cuando algunas de estas personas extrañas me enviaron mensajes de texto exigiendo que yo leyera sus historias tristes y les diera consejos gratis.

Pero entre toda la comunicación indeseada resaltó una mujer que aceptó que había caído en el mal hábito de castrar a su pareja y que, según ella, la madre de él lo había criado como un hombre castrado. Ella estaba dispuesta a cambiar y quería que yo le dijera cómo hacerlo.

El problema con ese tipo de peticiones es que la persona quiere lanzar sobre el terapeuta toda la responsabilidad del cambio que quiere lograr. La realidad es que si ya has notado que estás mal y ya has decidido cambiar, tu siguiente paso es dejar de hacer lo que hacías antes. No es tan complicado.

En el video yo presenté una lista de conductas y actitudes irrespetuosas. Lo único que tenía que hacer era dejar de hacer esas cosas.

Mi respuesta fue bastante sencilla. Le dije que ya que había reconocido su falla simplemente le tocaba cambiar su conducta y ya. No le agradó mi respuesta. Supongo que en la mente de ella yo tenía que sacar mi varita mágica y sacudirla sobre su cabeza o darle una receta larga de hierbas, piedras y sahumerios. O quizás quería que le diera pasos específicos a seguir. Pues no. No hice eso. Le devolví a ella la responsabilidad de su cambio.

Es que somos así. Primero, no estamos dispuestos a invertir dinero para obtener los servicios especializados de un profesional. Queremos atención de primera pero gratis. Segundo, creemos que le toca al terapeuta arreglarnos la vida. Tercero, invadimos la privacidad ajena sin remordimiento alguno porque creemos que todo el mundo está a nuestra disposición.

No seas así.

3 Comments

  1. Joy Philip julio 26, 2018 4:30 am

    Totalmente de acuerdo. Lo que escribes es cierto a mi me sucede constantemente y por eso he tenido que definir y reforzar los límites de mi privacidad. Es más siento que si alguien tiene un problema y decide resolverlo debe mostrar su compromiso al ir a las citas y pagar el costo indicado, es una falta de respeto con el profesional pretender que le otorgue sus servicios profesionales de forma gratuita.

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  2. Mercia Van Horne julio 28, 2018 6:33 am

    A mi me llegó el video recientemente junto con la pregunta ¿Qué opinas? No respondí. Me encantó el video porque es informativo y personal. Para que yo tome una desición a mi beneficio (y mi pareja). No para alardear, criticar u opinar. CADA LOCO CON SU TEMA! Me volvieron a indagar al respecto y dije: Ya existen 2 libros escritos por la misma autora que nos dan màs detalles a las damas sobre cómo implementar estos cambios necesarios. Leelos!

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  3. Mercia Van Horne agosto 18, 2018 12:59 pm

    I just read this blogg in english. This called my attention: “The woman who never bite off more than she can chew.” I wonder… I believe to be a selective person. I meditate before taking an action (bite). I really hate when some bosses pressure me to do more after I have fulfilled the requirements and done even more than what they specified. I enjoy whayever I decided or compromised to do. But when they try pressuring to go in the direction they think is right or better for me or the project, they definitely loose me.

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