junio 28, 2017

Lo aprendí en una panadería

Anoche cuando estaba camino a casa decidí parar en una panadería. Se me antojaba comer pan calentito con queso mozzarella. Me acerqué a la puerta y casi di la vuelta porque el lugar estaba lleno. Eran como las 7 pm y supongo que otras personas tenían el mismo antojo o estaban pensando en el desayuno. Igual entré y me puse en lo que parecía la fila, pero a los pocos segundos me di cuenta que nadie estaba pidiendo, simplemente todos miraban en la misma dirección. Finalmente una de las trabajadoras me miró y me preguntó ¿también está esperando flauta (pan francés) o quería otra cosa?  En seguida señalé un tipo de pan en el estante y le dije que me diera dos moldes.

Mientras me atendían, siguieron entrando las personas. Para cuando salí ya habían entre 10 a 15 personas esperando flauta. El estante estaba lleno de diferentes tipos de panes recién hechos. La única clase que faltaba era la que todos estaban dispuestos a esperar.

Me pareció interesante. De haber habido flauta por supuesto que yo compraría. Pero no le hallé el sentido a estar en una panadería con tanta variedad e insistir en esperar precisamente lo que no estaba disponible. No sé cuánto tiempo les tocó esperar. Supongo que en cuestión de minutos recibieron sus pedidos. Pero me hizo pensar en cómo somos a veces. Claro que no tiene nada de malo esperar el pan que uno quiere, pero me pregunto ¿con cuánta frecuencia perdemos la oportunidad de experimentar algo  nuevo simplemente porque no estamos dispuestos a hacer algo diferente?

No soy experta en panes y desconozco los nombres de los distintos tipos de pan. Sé que el pan que compré anoche no es uno que haya probado a menudo, pero cuando lo probé me encantó. La próxima vez preguntaré cómo se llama, para poder pedirlo por nombre.

Soy de aquellas personas poco complicadas. Cuando encuentro algo que cumple con mis requisitos lo sigo comprando. Pero anoche comprendí que por no saberme el nombre de otros panes simplemente me acostumbré a pedir flauta. ¡Por años ignoré la gran variedad que estaba a mi disposición!

¿Sabes? Lo mismo sucede casi en todo. Nos mezclamos solamente con cierto tipo de personas porque estamos acostumbrados a ellos. Sólo hacemos ciertas actividades los fines de semana porque es lo que siempre se ha hecho. Siempre vamos de vacaciones a los mismos lugares porque ya los conocemos… Es como ir por la vida con los ojos medio cerrados.

Por mientras los años pasan volando y quedamos atrapados en la rutina. Y lo más triste es que nos perdemos de mucho pues preferimos esperar lo conocido porque no nos atrevimos a probar algo nuevo. Supongo que agarramos a pecho eso de ‘mejor viejo conocido que nuevo por conocer‘.

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