abril 2, 2019

Los dientes del caballo

No sé de dónde originó el dicho ‘a caballo regalado no se le miran los dientes’. (Algunos dicen colmillos en lugar de dientes). Tiene que ser que alguien tuvo una mala experiencia mirando en la boca de un caballo que le habían regalado. ¿Quién sabe? Pero el significado del refrán es muy importante. Es que se nos olvida y pensamos que se puede salir con exigencias cuando uno recibe un regalo.

Hay varias escuelas privadas que les ofrecen almuerzo gratuito a los docentes. Sé de algunas en el área cerca de mi oficina. Me parece una idea magnífica. Soy docente y sólo quien ha estado tiempo completo en el salón de clases sabe de qué trata eso. Si no se les puede ofrecer un salario de diputado, pues se debe hacer el intento de honrarles con incentivos. Pero hay un problemita con eso de la comida gratis: muchos no la aprecian. Lo que sucede es que después de un tiempo, el regalo empieza a parecer obligación.

He escuchado a docentes quejarse del almuerzo gratis, demandar reemplazos o simplemente despreciarlo anunciando ‘yo no como eso’ como si le estuvieran ofreciendo basura.  Ese es el riesgo que se corre cuando la gente se acostumbra al regalo.

Hoy una señora me comentó que en la escuela donde trabaja el marido les ofrecen almuerzo gratis una vez por semana pero que la comida no está para nada buena. Me dijo que por ejemplo les dan arroz frito con tajadas. Ni un pedacito de carne. Me dijo que eso es comida de pobre. Le dije que lo que pasa es que la gente es ingrata. Seguramente pensó que me refería a los administradores de la escuela porque estuvo de acuerdo.

Si no te gusta la comida gratis, no estás obligado a comértela. Agradece que tienes opciones (muchos no cuentan con esa bendición) y aléjate con la boca cerrada. Sin rostros, gestos, muecas u opiniones. Esto aplica a todos los regalos.

La vida da muchas vueltas. A veces suceden cosas inexplicables. A veces es el resultado de la ingratitud.

One Comment

  1. Mercia Van Horne abril 3, 2019 8:58 am

    Sí, estuve allí. Siempre agradecí por ello, y màs cuando no lograba desayunar. Es màs, compraba amenudo como los alumnos. Si servían algo que sabía de antemano no iba con mi estómago, igual lo tomaba, sin caretas y lo compartía con otros profesores o alumnos de gran apetito. Disfrutaba las comidas en general y siempre ofrecían otra cosa en casos de emergencias. Muy atentos!

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