noviembre 17, 2017

No es para ti

No es lo mismo manejar un Porsche Cayenne que manejar un Kia Picanto. Debo aclarar que no tengo nada en contra de los automóviles Kia. Son buenos, económicos y es fácil encontrar piezas, aunque son un poco incómodos. Pero si mi presupuesto sólo alcanza para ese carro, lo acepto con agradecimiento y lo manejo con orgullo. No se me ocurriría jamás presentarme a la agencia en donde venden autos de marca Porsche a criticarlos e insultarlos porque mi bolsillo no da para uno de sus modelos. Sería ridículo porque todo ser pensante sabe que no es culpa de los distribuidores de Porsche que yo no tenga suficiente dinero para adquirir el Cayenne.

Tampoco buscaría a la compañía en redes sociales para ridiculizarles sus anuncios y decirles que tomen en cuenta el presupuesto de los conductores antes de publicar sus productos. No les llamaría abusivos porque sé que si no puedo comprarme ese carro, simplemente significa que no es para mí en este momento. Es para otras personas. Eso no me hace menos que ellos ni me convierte en víctima. Sencillamente reconozco que aunque me gustaría manejarlo, ese automóvil no es para personas como yo. Por lo tanto cuando veo sus anuncios en televisión o en Facebook, Instagram u cualquier otro medio tengo dos opciones:

1) admirar lo que veo y desear obtenerlo algún día, o

2) ignorarlo y seguir con mi vida.

Es una actitud balanceada y madura que dice mucho acerca de la calidad de la persona.

Entonces no entiendo por qué algunas personas ven anuncios de productos o servicios de ciertas empresas e inmediatamente se ofenden porque no pueden costearlo. No es la única opción disponible y sin embargo vierten toda su ira en contra de la empresa sencillamente porque les parece demasiado caro algo que nadie les está obligando a adquirir.

Lo vi hace unos años cuando una conocida publicó fotos de carteras que tenía a la venta y otra conocida comentó que estaban demasiado caras y que se veía a leguas que eran réplicas baratas y mal confeccionadas. ¿Acaso estaba obligada a comprar esas carteras?

Lo vi hace algunas semanas cuando una tienda conocida por la venta de productos electrónicos publicó los precios de cierto modelo de televisor inteligente. Muchas personas comentaron su enojo acerca del precio, algunos hasta con ofensas porque, según ellos, ‘los panameños no tenemos ese tipo de dinero’. ¿Acaso tener ese modelo específico de televisor es obligatorio?

Lo vi hace unos días cuando mi centro de estudios publicó los precios de matrícula 2018. Debo aclarar que hay cientos de colegios privados y públicos en el área. Es más, a poca distancia de nuestra ubicación hay más de 10. Cada colegio tiene sus fortalezas, sus debilidades y su precio. Algunos son caros y otros son baratos. El padre de familia puede pasear entre ellos y escoger el que mejor se ajusta a su bolsillo y a sus expectativas.  Pero a muchos no les gustó el precio que publicamos y en lugar de ignorar los anuncios y continuar con sus vidas, algunos decidieron hacer comentarios ridículamente ofensivos en las redes sociales. Generalmente eran mujeres. A algunas les contesté y a la mayoría decidí borrar y bloquear porque se pasaron.

Pero una chica joven en particular me llamó la atención por la manera agresiva en que escribió. Era un comentario largo en el que hacía acusaciones descabelladas a pesar de nunca haber tenido contacto alguno con el colegio. Al leerlo me di cuenta que ella simplemente buscaba desahogar un dolor que no tenía nada que ver con nosotros. Le contesté un par de veces y luego decidí que era hora de cerrar mi participación en ese drama.

Una vez más pregunto: ¿estamos obligados a comentar sobre los servicios o productos que no podemos adquirir? ¿Qué dice sobre nosotros cuando utilizamos redes sociales para actuar de esa manera alegando que tenemos derecho a expresarnos como queramos? ¿Tendrá esa actitud algún tipo de consecuencia?

Entre las muchas cosas que escribió dijo que si no queríamos leer sus comentarios que elimináramos nuestra cuenta de Facebook porque ella tenía derecho a decir lo que le diera la gana. Me pregunto si opinaría igual si yo buscara su página personal y empezara a hacer comentarios ofensivos sobre sus fotos porque tengo derecho a expresarme. Creo que no le gustaría tanto y dejaría de esconderse bajo el manto de la libertad de expresión.

La publicidad en las redes sociales es un concepto relativamente nuevo. Los empresarios aun estamos aprendiendo a utilizarla de manera responsable. Pero una cosa queda clara: el ciudadano necesita aprender a respetar. Necesita entender que sus inquietudes serán escuchadas si las presenta de una manera sana. (Para eso existe el ‘inbox’). Necesita reconocer que si un producto o servicio está fuera de su presupuesto, eso no es culpa de la empresa y está en todo su derecho de buscar opciones más económicas. Eso no significa que algunos valen más que otros, pues tu valor no viene de tus posesiones materiales.

Esperábamos que esto se aprendiera en casa. Supongo que es otra cosa más que habrá que enseñar en las escuelas.

One Comment

  1. Joy Philip noviembre 17, 2017 8:57 pm

    Es cierto, muchas personas en vez de resolver sus malas o desacertadas decisiones financieras que los pusieron en la crisis económica en la cuál se encuentran, prefieren atacar. Es lamentable que no se den cuenta que si utilizarán el tiempo para adquirir conocimientos acerca del manejo responsable y saludable del dinero quizás con un poco de disciplina, ahorro y las prioridades en el lugar que corresponde podrían costearse las cosas que hoy critican de ser muy caras, pero nadie los obliga a comprarlos.

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