abril 24, 2018

Susurros tóxicos

Hace unos días llevé a mi hija a su cita con el odontólogo. La sala de espera estaba llena y me tocó sentarme al lado de una señora de unos 30 años y su pareja. En la televisión había un programa popular local. Al poco tiempo noté que la señora susurraba. Al principio no le presté atención pues supuse que le estaba hablando al esposo. Pero una palabra me hizo sentir curiosidad por lo que decía. Resulta que la joven estaba criticando violentamente a todos los presentadores del programa. Hablaba pestes de sus ropas, cabello, voces, actitud… comentaba sobre todo lo que veía en ellos. Decía cosas como ‘se engordó. Ahora se ve horrible’ o ‘ese color no le va para nada’.  A medida que seguía escuchando a la señora mis ojos se hacían más y más grandes. No podía creer lo que estaba escuchando. Durante los cortes comerciales ella guardaba silencio y cuando volvía el programa, continuaba con su lluvia de críticas.

Hace unos momentos una página popular en cierta red social preguntó qué opinaban los lectores sobre el cabello de la mujer negra y si les parecía correcto que llevaran su cabello sin alisar.  Generalmente ignoro comentarios sobre temas raciales o políticos, pero no pude evitar preguntar ¿qué les hace creer que tienen derecho a opinar sobre el cabello ajeno?

Es una tendencia ridícula que va en aumento. Las personas están un poco confundidas. Puedes opinar sobre ideas, conceptos, situaciones, circunstancias, etc. pero cuando empiezas a creer que tu opinión sobre mi ropa, mi cabello, mi casa o mi cuerpo es válida, entonces tienes un problema serio de identidad y de límites.

Vivimos en una época en que la misma tecnología que ha facilitado tanto, ha creado un caos nunca antes visto en la historia. Nunca se sabe quién está filmando o tomando foto de lo que haces en la calle para luego subirlo a redes sociales y convertirte en motivo de burla. Si te vistes de una manera que no agrada a otros, si te rascas el trasero, si te sacas un moco, si la brisa te levanta la falta, si te estacionas mal, si te duermes en el aeropuerto, si chateas con mala ortografía– hagas lo que hagas, alguien puede capturar el momento y compartirlo con el mundo.

Podría perder tiempo diciéndote que respetes la privacidad ajena, los derechos ajenos, las decisiones ajenas. Pero sé que muchos me mirarían con la cabeza levemente inclinada porque el concepto suena anticuado. Lo que sí te puedo decir es que no andes por ahí creyendo que se debe tomar en cuenta tu opinión sobre los asuntos privados de los demás. Eso es enfermedad mental.

2 Comments

  1. Joy Philip abril 24, 2018 5:50 pm

    To each his or her own. Creo que si algunas personas se ocuparán de vivir su vida y no meterse en la de los demás otro gallo cantaría. Estarían tan ocupados con sus vidas, que ni tiempo tendrían para inmiscuirse en la vida de otros. Totalmente de acuerdo con el escrito.

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  2. HILARIO abril 24, 2018 9:05 pm

    Vivimos en una sociedad enferma donde se cree que al inmiscuirse en la vida ajena, escondo lo que en mi vida está mal. Que pena!!¡

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