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Diferentes perspectivas

Mi consultorio está ubicado en una comunidad que muchos expertos denominarían como de clase social media baja y baja. He escuchado historias de robos y drogas en el área pero en realidad nada de eso me ha hecho perder el sueño. A veces las personas preguntan si no me da miedo cuando termino mis consultas o reuniones de noche y la verdad es que no, nunca.

En esa ubicación he atendido a varios que admiten estar involucrados en la venta de drogas y otros crímenes. Una vez mientras esperaba afuera que me recogieran,  un señor se me acercó para mostrarme las lágrimas que tenía tatuadas en la cara. Me dijo que cada una representaba un homicidio. Durante los siguientes meses me encontré con el mismo señor cada vez que me dirigía a la tienda a comprar platanitos y siempre me saludaba con alegría. Luego pasaron varios años en que no lo volví a ver hasta que me lo encontré afuera de un restaurante cercano. Me saludó con entusiasmo y me contó que había estado preso por homicidio pero que ya había decidido que sería la última vez pues se había cansado de esa vida. No lo he vuelto a ver hace años. No sé si logró cumplir su palabra.

Así como él hay varios por aquí– hay uno que dicen que de niño le dieron con un bate en la cabeza y que desde entonces está ‘loquito’. Este habla solo, no se ha bañado en mucho tiempo y de vez en cuando grita obscenidades o se sienta en el sol a escribir en un cuadernito. Agarra el cuaderno a sus espaldas y tuerce su cuerpo para escribir en esa posición, pero no se mete con nadie. Una vez cuando me dirigía a la parte de atrás del edificio para  botar una bolsa de basura, se acercó y me dijo “yo se lo llevo, doctora”. Y así lo hizo.

Hay otro que parece estar sano mentalmente, pero se rumora que por las noches duerme en los carros del taller donde trabaja de ayudante. Dicen que ha vivido así desde niño. Una noche cuando cerraba mi oficina, se me acercó para ayudarme a bajar las cortinas arrollables.

“¿Cómo estás?” le pregunté cuando lo vi llegar.

“Yo siempre estoy bien”, me dijo con una gran sonrisa. “si estuviera mejor, se daña.”

Y pensé en todas aquellas personas que sufren porque no tienen carteras de marcas o porque les salió celulitis. Las personas que se enojan porque el suéter de la selección está demasiado caro o porque salió otro iPhone y no ha llegado aun a Panamá. Las personas que lloran porque hace calor en casa y no tienen aire acondicionado como otros o porque el supermercado ya no da bolsas de plástico. Y se amargan solitos el día entero y cuidado hasta la vida, sin darse cuenta que la felicidad no depende de nada de eso. Y uno les pregunta “¿Cómo estás?” y te salen con una lista larga de quejas y lamentos.

Pensé en todos ellos.

2 comentarios en “Diferentes perspectivas

  1. Gracias!
    Trajiste a mi memoria que siempre mi hermana me pedía un mordizco de lo que comía al momento (chocolate, paleta, caramelo), mordía tan grande que me quedaba menos de la mitad o muy poco. Pero un primo que es gordito y lo tildan de golozo; cuando me pedía, mordía tan poco que le volvía a brindar y aveces reponía con alguna sorpresita similar. Saben, siempre es bueno dar.

  2. La vida nos da tanto, Dios nos da tanto y no sabemos ser agradecidos.
    Quien no es feliz con lo poco, jamás será con mucho. Hay quienes tienen síndrome de inconformidad. Mi felicidad o infelicidad depende de mí, no necesito saber si mi vaso está medio lleno o medio vacío, necesito saber dónde está el agua y ver cómo me sirvo y quienes más van a beber.

    Saludos

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