Casi invisible

Hoy salí para hacer varias diligencias. Como no manejo con mascarilla porque generalmente voy sola o con alguien de la familia, me distraje y olvidé ponérmela  al bajarme del carro en el estacionamiento del supermercado.  Mientras caminada iba leyendo algunos mensajes de texto. Sentí una tensión rara. Levanté mi mirada del celular para investigar a qué se debía esa sensación desagradable  y vi varios pares de ojos enojados observándome. Inmediatamente di la vuelta y regresé a mi auto a cubrir mi cara y contestar los mensajes.

Con la mascarilla puesta volví a caminar hacia la entrada del supermercado. Esta vez nadie me volteó a ver. Como por arte de magia me había vuelto invisible. Ahora que me parecía a los demás era necesario ignorarme por completo.

Hace unos días conversaba con un cliente quien se describió a sí mismo como un ogrito y un limoncito. Lo dijo como si fuera lo más normal porque estaba convencido que esa era su definición: un hombre joven amargadito. Después de unos minutos le pregunté si era brillante. Los ojos se le iluminaron mientras su mente procesaba esa posibilidad. Con una sonrisa me dijo que sí y le pregunté si era maravilloso. Su rostro cambió por completo y relajó su ceño fruncido. Me dijo que sí, también era maravilloso. Continué sugiriéndole nuevos adjetivos.

Este hombre se había vuelto invisible para sí mismo y para todos los demás porque era confiable y predecible. Su enojo no era el resultado de tener poca paciencia o ser estricto; estaba fundamentado en el dolor de no ser visto. Cuando se ponía amargado entonces su familia lo veía y reaccionaban a él.

Así como solamente me pudieron ver cuando, sin querer,  no cumplí con los lineamientos, muchas personas dejan de ser invisibles solamente cuando hacen algo malo o inadecuado.  Pueden pasar años dándolo todo por su pareja o su familia y nadie lo ve, nadie lo agradece. A penas cometen un error, ahí sí todos brincan para comentar o condenar.

Mucho después de que se haya retirado COVID-19, un gran porcentaje de la población seguirá usando mascarillas y cubre-bocas. Dirán que es precaución o costumbre o a saber qué inventarán, pero la realidad es que a veces solamente dejas de ser invisible cuando te ves diferente a los demás.

Prométeme que hoy tomarás el tiempo para mirar a las personas a tu alrededor y realmente verlas.

 

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