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La última palabra

A pesar de que me encanta mi trabajo, debo admitir que a veces es difícil y complicado. Requiere de mucha paciencia y comprensión poder lidiar con algunos tipos de personalidad. Me refiero específicamente a aquellas personas que van por el mundo con los puños al aire, listos para pelear y defenderse hasta de lo que no es un peligro. Lo más duro es cuando estas personas quieren funcionar en sus relaciones de pareja exactamente como lo hacen en el trabajo o en el tráfico: con exigencias, expectativas, impaciencia y a la defensiva.

Mi punto de vista en cuanto a las expectativas dentro de la relación no es muy popular porque por años se nos ha dicho que uno tiene que exigir cierta conducta o actitud de la pareja. Entiendo eso. Pero mi opinión muy personal es que las expectativas simplemente crean confusión, dolor y el sentimiento de traición cuando no logran cumplirse. Como yo no mando en la cabeza de nadie, yo no puedo decretar lo que la otra persona hará o no hará. Lo que sí puedo hacer es tener expectativas acerca de mí misma: qué estoy dispuesta a ofrecer, qué estoy dispuesta a tolerar y cuáles son los motivos de ruptura.

Pero la mayoría insiste en hacer estas largas listas de expectativas para entonces llevarse chascos unos meses (¿semanas?) más tarde.

Entonces me encuentro con parejas que dicen que quieren terapia pero lo que realmente quieren es gritarse en presencia de un testigo. Eso no va con mi personalidad y a menudo se llevan tremenda sorpresa porque no lo voy a tolerar. Quien quiera gritarse obscenidades puede hacerlo con toda la libertad en su casa. No permito que traigan eso a mi presencia.

El mayor problema entre parejas casi siempre es la falta de  herramientas para comunicarse eficientemente. Por eso te comparto 5 ideas para que explores cuando hables con tu pareja:

  1. Deshazte de la necesidad de responder a todo. Muchas personas dejan de escuchar lo que está diciendo el otro porque están planificando su respuesta. Lo más sano es escuchar y esperar unos segundos después de que la persona haya terminado de hablar antes de empezar a plantear tu punto de vista. Eso de interrumpir gritando cosas como ‘¡Mientes!’ ‘¡Dí la verdad! nunca da buenos resultados.
  2. No tienes que tener la razón. No entiendo bien cuál es la obsesión con hacer que el otro esté equivocado. Nadie te está dando un premio por eso. Mejor escucha a tu pareja sin juzgar y sin condenar. Con mucha frecuencia ninguno de los dos tiene la razón.
  3. Tu pareja no es tu hijo o hija. No tengo claro eso de ‘regañar’ a la pareja como si fuera un chiquillo. Yo puedo plantear mi desacuerdo sin hacerle sentir que soy su mamá o su maestra y está a punto de ser castigado.
  4. No siempre te van a comprender y eso no es el fin del planeta.  Cada cabeza es un mundo. No podemos esperar ni exigir que todos siempre nos comprendan. Hay cosas que simplemente escapan del entendimiento de los demás y tienes que hacer las paces con esa idea. Enojarse porque alguien no ve las cosas como tú las ves no resuelve nada.
  5. No tienes que tener la última palabra. Lo veo a menudo con algunas personas que me chatean. Quieren responder a todo para tener la última palabra. Eso es la necesidad de controlar y no siempre es sano. Cuando nos enfocamos en tener la última palabra, a veces terminamos diciendo tonterías.

La vida en pareja no es fácil pero no tienes que convertirla en una tortura. Si no puedes hablar de los temas difíciles sin pelear, hiperventilar, llorar, insultar o culpar te va a tocar buscar ayuda. Recuerda siempre que esa pareja la escogiste tú y es muy probable que te demostró todas esas ‘fallas’ desde el principio, pero no las quisiste ver porque pensaste que lo cambiarías. Necesitas tener eso claro antes de buscar ayuda.

Pocos especialistas quieren que conviertas sus consultorios en cuadriláteros. Por respeto a tu relación y al profesional, contrólate.

2 thoughts on “La última palabra

  1. Hola, muy bien planteado todo esto.
    Hay parejas que nadan en una relación tóxica por años faltándose el respeto y piensan que pueden andar por ahí contaminando a quienes les cruce.
    Yo tuve una crianza caótica tóxica , mi padre no se supo hacer respetar y me madre no tenía control para controlar su ira y sus insultos tampoco sus manos . (mi padre no era un santo)
    Comprendo y te felicito el frenar que se arme un campo de batalla en tu consulta , es horripilante y mas que desagradable.
    Un abrazo desde Kuwait, Cuídate!!!

    1. Gracias por tu comentario. Sí, hasta cierto punto creo que actúan de una manera egoísta porque no les importa a quién están incomodando con sus peleas. Saludos hasta Kuwait!

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