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Que se encoja mi nariz

A veces pienso que por falta de temas interesantes de conversación terminamos diciendo incoherencias y hasta siendo ofensivos. Lo entiendo: encontrarse con alguien y no tener nada que decir más allá de ‘hola’ puede ser incómodo. Nos llenamos de ansiedad y hasta deseamos que la tierra se abra y nos trague. Mucho más vergonzoso es cuando ni siquiera recordamos cómo se llama la persona que se ve tan contenta de vernos. Me ha sucedido.

Recuerdo que hace varios años una chica se me acercó en la iglesia y me saludó por nombre y con mucha emoción. En ese momento estaba segura de que nunca antes la había visto, pero le seguí la corriente. A los pocos meses ya éramos amigas y yo seguía sin saber dónde nos habíamos conocido. Un día me armé de valor y le pregunté. Ella pensó que era un chiste y se echó a reír a carcajadas. “Ay, tú siempre, Dino,” dijo.
Le pedí a otra amiga que le preguntara de dónde me conocía pero eso tampoco resultó, pues la chica misteriosa contestó “pregúntale a Dinorah, que ella te lo contará con detalles.”

Pues pasaron los años y hace tiempo que no nos vemos. Todavía no recuerdo dónde la conocí.

Así que si me dices que a veces te encuentras con personas y te incomodas por esos diez segundos de contacto, te entiendo, he estado en tu lugar. Pero te doy un consejito: si no sabes qué decir, mejor no digas nada. A veces es mejor el silencio que meterse el pie a la boca.

Parece que he perdido bastante peso. En verdad, creo que me veo igual. Sin embargo la ropa casi gigantesca me dice lo contrario. No estoy enferma, simplemente disminuí el consumo de azúcar y aumenté las horas de ejercicio físico.

Ya me aburrí de que las personas me pregunten si he estado enferma. No, no estoy enferma, pero gracias por preocuparte por mi salud. Pero los que más cansan son los que preguntan ‘¿por qué?’. A ver; son tantas respuestas que no sé por dónde empezar. Pero creo que ya encontré la verdadera: Estoy tratando de ver si logro que se encoja mi nariz.

No te va a partir un rayo si no lo sabes todo. Aprende a saludar sin juzgar y a piropear sin insultar. Y si no se te ocurre nada interesante que decir, pues guarda silencio que eso también cae bien.


Georgie Pauwels / Foter / CC BY

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