Cómo saber si debes quedarte

Hace unos días mi hija mayor compartió conmigo un video en el que una joven hablaba de una tendencia moderna preocupante.

Gracias a las redes sociales, hoy es mucho más fácil difundir información, compartir opiniones y emitir juicios. Eso tiene una gran ventaja: muchos sucesos salen rápidamente a la luz. Pero también tiene una desventaja. Con esa misma rapidez, algunas personas han caído en el hábito de “cancelar” todo lo que no les gusta.

Esa actitud también la vemos en las relaciones.

Ahora, déjame ser bien clara: nadie debe permanecer en una relación abusiva. Soy fiel creyente de que las personas te muestran desde el inicio lo que traen a la relación; hay que creerles la primera vez. “Perdonar” no te obliga a quedarte en un lugar donde te hacen daño.

En terapia he conversado con parejas que se agarran a puñetazos, que han normalizado la tiradera de platos y en las que cada conversación está cargada de insultos. Eso no es sano. Y si uno de los dos persiste en ese comportamiento, lo más saludable suele ser terminar la relación.

Pero también he conversado con parejas que tienen desacuerdos pequeños, situaciones que podrían resolverse con una conversación honesta para aclarar las cosas. Sin embargo, uno de los dos (casi siempre la mujer) decide terminar la relación porque dice no sentirse amada o comprendida.

Ni el extremo de nuestras abuelas (que toleraron de todo) es sano, ni este nuevo extremo de terminar por pequeñeces.

Entonces surge la pregunta: ¿cómo sabemos qué es realmente motivo para romper una relación y qué podría resolverse conversando?

Algo que necesitamos hacer desde el inicio de una relación es establecer límites. A veces toleramos cosas que nos irritan por miedo a caer mal. Por ejemplo, nos reímos de chistes ofensivos para no parecer amargados, o ignoramos comentarios burlones para evitar incomodidad. Eso no es bueno.

Aprende a expresar lo que te molestó en lugar de brincar a terminar la relación:

“Eso que dijiste me hizo sentir incómodo.”
“Ese chiste me parece ofensivo.”
“La manera en que le hablaste a la mesera me pareció irrespetuosa.”

Somos seres humanos. Y a veces no es fácil serlo, porque no somos perfectos y todos vamos a cometer errores. Pero cometer errores no nos convierte automáticamente en malas personas ni en seres defectuosos.

Relacionarnos con otros seres humanos puede ser complicado. Y me refiero a todo tipo de relaciones: de pareja, amistad, familia, trabajo. No caigamos en el error de ver a los demás como seres defectuosos que buscan herirnos a propósito. Empecemos a practicar un poco más de compasión.

Expresa lo que te incomoda y permite que los demás también lo hagan. Quien te aprecia hará todo lo posible por mejorar, igual que tú también mejorarás por él o por ella.

Pero no podemos guardar silencio, resentirnos porque la otra persona no leyó nuestra mente y luego desechar la relación como si nunca hubiera importado.

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