Ayer escuché a la Dra. Ellen Langer, profesora de psicología en la Universidad de Harvard desde 1977, decir que mientras tengas un momento presente rico no necesitas los recuerdos del pasado. Me gustó mucho esa frase porque creo que la mayoría tenemos una relación tóxica de amor/odio con el pasado
Nuestra relación con el pasado a menudo está marcada por una mezcla compleja de nostalgia y arrepentimiento. Definitivamente que reflexionar sobre el pasado puede aportar lecciones valiosas y ayudar a sanar heridas. Pero esa reflexión también puede volverse tóxica cuando comienza a dominar nuestras vidas presentes y obstaculizar nuestro crecimiento. Cuando esto sucede hablamos de traumas no resueltos o heridas no sanadas.
Esta relación tóxica se manifiesta de varias maneras:
- Idealización del pasado: con frecuencia romantizamos una versión del pasado que en realidad nunca existió. Esta memoria selectiva nos hace sentir que el presente o el futuro nunca llenarán nuestras expectativas porque nos hemos convencido a nosotros mismos que lo que teníamos antes era mejor. Esto genera insatisfacción con nuestra vida actual. Olvidamos los desafíos de esos tiempos y nos centramos en una versión a menudo distorsionada de lo que fue. Esto lo veo bastante cuando clientes que están sufriendo por los efectos de heridas de la infancia intentan convencerme que tuvieron una niñez fantástica. Justifican, por ejemplo, el maltrato físico y verbal que recibieron alegando que lo merecían por hacer travesuras propias de niños y niñas. Sucede también con mujeres y hombres que prefieren no aceptar que desde el inicio de la relación de pareja infructuosa hubo banderas rojas.
- Arrepentimiento, culpa y vergüenza: En el otro extremo está la tendencia a obsesionarnos con los errores del pasado. Esto incluye las oportunidades perdidas. Esta combinación puede convertirse en un ancla emocional poderosa que nos hunde en pensamientos sobre lo que pudo haber sido, lo que no debí hacer, lo que dirían si supieran, etc. Esta actitud genera ciclos de culpa que destruyen la autoestima (la capacidad para tomar buenas decisiones) e impiden que avancemos. ¿Qué tal si nada de lo que te pasó fue tu culpa? ¿Qué tal si cometiste esos errores porque eres un ser humano y estabas sufriendo?
- Apego al trauma: El Dr. Gabor Maté define trauma como la herida que se produce a raíz de un evento doloroso e impactante que sucedió cuando aun no contábamos con las herramientas emocionales para procesarlo o entenderlo. Esta herida es tan intolerable que causa una desconexión de uno mismo. Cuando el pasado está marcado por eventos dolorosos, puede crear un bucle emocional donde el recuerdo de las experiencias anteriores domina nuestras emociones presentes. Nunca podremos regresar al pasado para evitar que ocurran esas cosas desagradables, pero esta fijación con el sufrimiento pasado dificulta la capacidad de sentir seguridad y vivir en paz ahora. Lo que sí podemos hacer es observar la manera en que se están manifestando las heridas en la actualidad y sanarlas. (Casi siempre con estrés crónico, ansiedad, depresión, TDA, problemas de salud, etc).
- Miedo al cambio: Aferrarse al pasado suele ir de la mano con el miedo al cambio. La mente humana busca lo que es familiar, aunque lo familiar haya sido doloroso e insalubre. Esto puede llevarnos a aferrarnos a relaciones, hábitos o identidades antiguas que ya no nos sirven, pero nos dan una sensación de control.
Este apego tóxico al pasado te roba la capacidad de vivir plenamente en el presente. Cuando estás obsesionado con lo que fue o lo que debería haber sido, pierdes oportunidades de crecimiento, alegría y conexión en el aquí y ahora. Aprende a aceptar el pasado sin permitir que te defina. Es posible que no puedas olvidar partes de tu historia, pero lo que sí puedes hacer es dejar de juzgarte por ellas.
¿Qué puedes hacer?
- Visita un buen psicoterapeuta.
- Practica algún ritual de meditación.
- Pasa más tiempo en la naturaleza.
- Escribe tus pensamientos profundos.
- Atrévete a conectar con tu niño o niña interior.
- Observa tu diálogo interior y mejóralo.
- Rodéate de personas que aportan bienestar a tu vida.
- Desarrolla hábitos sanos de ejercicio y alimentación.
- Baila, canta, dibuja, pinta.
- Perdónate.