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Pequeños detalles

En los diez años que tengo de estar en esta esquinita he atendido cientos de casos interesantes. Una vez una señora me trajo al hijo adolescente para que le hiciera un exorcismo, más de una vez el cliente me comenta que sale más económica una cita conmigo que ir a  la santera o el babalú, en varias ocasiones he visto a hijos faltarle el respeto a sus padres en formas que nunca se me hubiesen ocurrido, esposas han traído a sus parejas a consulta para terminar el matrimonio en mi presencia y más de una vez he guardado secretos que podrían meter en graves problemas personales a gente destacada en la sociedad.

Pero sin lugar a duda la ayuda que más piden tiene que ver con el manejo de las finanzas.

La mayoría cree que la economía personal es cuestión de suerte, herencia, a quién conoces o el resultado de hacer cosas ilegales sin ser atrapados. Muchos me dicen que hay que endeudarse para conseguir lo que uno quiere. Otros me comentan que se van a mudar para otro país porque la cosa está dura en Panamá. Más de uno me ha pedido ayuda para comprar los números de la suerte porque creen que con ganarse el gordito resolverán todos sus problemas.

Se decepcionan mucho cuando les digo que el secreto está en la forma de pensar y en los hábitos diarios. Esperaban algo más complicado; algo que justifique su falta de dinero. Algo como código secreto. Eso tendría más sentido para ellos. ¿Pero la forma de pensar? ¡Por favor!

Déjame contarte lo que sucedió hace unos días. Mi madre se fue de viaje y me pidió que durante su ausencia le pagara a uno de sus trabajadores quien se quedaría a vigilar la casa.  La primera semana me enredé bastante y no pude llegar el jueves como habíamos acordado, llegué el viernes. La segunda semana me sucedió lo mismo. Mientras manejaba hacia la casa de mi mamá para llevarle el dinero al trabajador, pensé: no es justo que yo le pague tarde a este señor dos veces. Si fuera una empresa seguramente me habrían multado por pago tardío. Le pagaré $20 adicionales por mi negligencia.

Al llegar le di el dinero de su salario y le dije “aquí le estoy dando $20 más por la tardanza.”  Su respuesta fue “Sí? Jajajaja” y se alejó de la cerca y me dejó parada sola.

Me subí a mi auto y pensé: qué raro este señor. Ni siquiera me dijo gracias.

No es que tenía que hincarse a alabarme. Pero por lo menos gracias.

Pensé en las personas que conozco que están en aprietos económicos y encontré que todos tenían algo en común: no tienen por costumbre dar gracias espontáneamente.

Recordé cuando era profesora joven hace unos 28 años. Una tarde una compañera de trabajo y yo caminamos hacia una tiendita a comprar refrescos. Noté que ella no dijo gracias al ser servida y le pregunté por qué. Su respuesta fue que uno no tenía que desperdiciar las gracias en esa gente porque los refrescos no habían sido un regalo. Pensé en su ideología por mucho tiempo y decidí que ella estaba equivocada.

Recordé unos años más tarde cuando yo me creía jefa de recursos humanos y siempre andaba buscándole trabajo a todos. Escuché de una vacante e inmediatamente le envié un email a una amiga para que aplicara. No supe más de ella hasta varias semanas más tarde cuando me dijo que no la habían llamado. Verifiqué la información que yo le había proporcionado y noté que la dirección que le había dado contenía un error. Con razón no la llamaron, si nunca recibieron su correo.  Pero si ella me hubiese contestado para decir gracias yo me hubiese percatado del error y lo hubiéramos corregido a tiempo. (tengo el hábito de re-leer todo lo que escribo y re-escuchar mis notas de voz cuando recibo una respuesta) No dijo gracias y perdió una oportunidad.

Sí, suena demasiado sencillo, pero la ingratitud es precisamente lo que mantiene a muchas personas atascadas. Si tú no aprendes a agradecer por lo que tienes, ¿qué te hace creer que recibirás más? Si a todo le encuentras motivos de queja ¿qué te hace creer que recibirás más?

El primero vive en pobreza extrema a pesar de contar con un salario semanal bastante decente. La segunda vive con achaques y el salario no le alcanza. La tercera todavía tiene que pedir prestado cada cierto tiempo para cubrir sus compromisos. ¿Casualidad? No creo.

Agradece.

3 thoughts on “Pequeños detalles

  1. En el 2013 viajé a Israel. Un shabat lo pasé hospedada en un hotel el Ierushalaim, donde la gran mayoría de los hoteles son administrados por arabes. Camino para el mencionado lugar, escuchaba comentario como “ cuidado con los árabes! Son super groseros” “ está atenta a los movimientos de los árabes… podemos ser atacados en cualquier momento” …. En fin. Al llegar, noté un poco de antipatía por parte del personal del hotel, a pesar de que ellos sabían que estabamos agotados despues de varias horas de transporte. Yo me olvidé de todo lo que me aconsejaron y simplemente fui YO. “Buenos días! Buenas tardes! Buenas noches! Gracias! MUCHAS GRACIAS! Muy agradecida por su tiempo y consideración. Es Ud muy amable” y la lista continua. No hubo arabe que me haya tratado mal ni que fuese indiferente conmigo. Recibi hermosas y genuinas sonrisas, los miraba directo a los ojos y solo les decía “ todos somos iguales”
    La gratitud lo es TODO.

  2. Muchas gracias por un blog tan lleno de valiosa información. Totalmente de acuerdo! Lo que indicas no es 100% acertado, es 200% acertado. Como escribes, muchas personas no se han dado cuenta de lo poco complicado que es prosperar, dar gracias y el cambio de la forma de pensar.
    Haz las cosas de forma diferente y los resultados serán diferentes. Soy una prueba fehaciente de que lo que indicas es así. En innumerable cantidad de ocasiones me ha sucedido que al darle las gracias a una persona o un establecimiento me miran como si yo vengo del planeta Venus. Igual lo sigo haciendo, lo disfruto.

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