Recientemente tuve una conversación muy interesante con un hombre joven. Resulta que tenía el hábito de dar en exceso. El problema con esto es que se encontró con personas que se aprovecharon de él; vieron que no le ponía límites a su generosidad y ellos se aseguraron de no ponerle límites a sus exigencias.
¿Qué hace que una persona dé en exceso? Hay varias razones. Te mencionaré algunas:
- Miedo al rechazo o abandono. Esa sensación de no pertenecer, no ser aceptado, aislamiento o abandono es tan dolorosa que a veces estamos dispuestos a hacer lo que sea con tal de no sentir eso.
- Necesidad de controlar. Algunas personas dan para después poder manipular una situación. Es común decir “el que paga manda”.
- Búsqueda de amor o validación. La creencia “si les compro esto, me van a querer” es poderosa.
- Necesidad de complacer a los demás. Queremos caer bien aunque nuestras decisiones nos hagan caernos mal a nosotros mismos.
- Condicionamiento cultural/social. La gente usa mucho el versículo que dice: es mejor dar que recibir para pedir donaciones, ofrendas y favores monetarios. (Hechos 20:35)
- Culpa u obligación. Preferimos que otros no nos vean como egoístas. A veces creemos que si guardamos un poquito de nuestros recursos para nuestro propio bienestar, somos causantes del sufrimiento humano.
Romper ese ciclo de dar en exceso requiere de mucha valentía. En el momento en que dejas de darles a los que se han aprovechado de ti, van a atacar tu reputación y hasta te van a rechazar. Por eso es que tantos sucumben. También necesitas suficiente consciencia para enfrentar tus verdades. Si ya te cansaste de ser cajero o banco de otros, te doy algunos consejitos.
- Reconoce el origen de tu conducta. Atrévete a ver tus sombras– no para buscar culpables, si no para hacer los cambios necesarios.
- Entiende que decir “no” no te convierte en mala persona. Practica esta frases: me encantaría ayudar, pero en este momento no puedo.
- Prioriza tus propias necesidades. Si tú no estás bien no vas a tener nada para compartir con aquellos que realmente te quieren y te necesitan.
- Aprende a recibir. Si no mantienes un equilibrio, llegarás a la bancarrota financiera, energética o emocional. Quien no recibe no tiene nada para dar.
- El rechazo es doloroso, pero no es el fin del mundo. Una persona que no está interesada en tu bienestar, te hace un favor al rechazarte.
- Practica el auto-cuidado y la auto-escucha. Tu intuición tiene el trabajo de guiarte; presta atención.