Las heridas del alma

De niña una vez leí un refrán en inglés que decía:

Dos hombres miraron por las rejas de una prisión; uno vio lodo y el otro vio estrellas.

Dos personas pueden estar pasando por la misma situación, pero cada una va a interpretar lo que está sucediendo a su manera; así es el trauma. Por eso es tan cruel juzgar a una persona que está manejando su dolor diferente a lo que esperamos.

Por ejemplo: Dos autos se chocan.  Conductor #1 decide nunca más manejar. Conductor #2 continúa con su vida como de costumbre.

El trauma no es necesariamente un evento, más bien es lo que sucede dentro del individuo a raíz de un evento. Pero la palabra “trauma” se ha trivializado tanto que a veces siento que ha perdido su significado real.

La manera en que cada individuo procesa los eventos grandes va a depender de varios factores, entre los que están la madurez, qué tiene en su caja de herramientas emocionales, el apoyo que recibe de su familia o comunidad y la epigenética.

  • Madurez. Creo que ya todos nos hemos dado cuenta que la edad no es determinante de la madurez.  Se refiere a la capacidad de actuar con responsabilidad, equilibrio emocional, reflexión y autonomía. Una persona madura suele tomar decisiones basadas en la experiencia y el razonamiento en lugar de impulsos. En psicología, la madurez emocional implica la habilidad de gestionar emociones, asumir responsabilidades y mantener relaciones sanas.

 

  • Herramientas. Son las estrategias y habilidades que nos ayudan a reconocer, gestionar y expresar nuestras emociones de manera saludable. Algunas son: auto-regulación, empatía, diálogo interior edificante, resiliencia, gestión del estrés y la ansiedad.

 

  • Apoyo.  Mostramos apoyo cuando evitamos decir: “supéralo”, “Eso no fue nada”, “a mí me sucedió peor” o cuando evitamos dar consejos innecesariamente.

 

  • Epigenética. La depresión en el padre puede provocar cambios epigenéticos en su esperma, lo que aumenta la vulnerabilidad de los hijos a trastornos emocionales.

El trauma deja secuelas en la vida de sus víctimas.  Dos de las más comunes son el auto-abandono y una sensación profunda de culpa y vergüenza.  Basándome en mi experiencia trabajando con clientes de diferentes edades, cuando se logra corregir el auto-abandono es mucho más fácil eliminar la vergüenza.  El problema es que muchas personas no están listas para confrontar y procesar el dolor que tienen pendiente. No se les juzga por eso.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente el 30-50% de los trastornos mentales en adultos tienen su origen en la infancia. No exploraremos las razones específicas en este escrito. Esos trastornos mentales generalmente son consecuencia de ciertas heridas emocionales, estudiadas por Sigmund Freud, John Bowlby, Alice Miller, entre otros. Más recientemente la terapeuta Lise Bourbeau identificó cinco heridas como las principales.

Algunos las llaman heridas del alma porque son profundas y afectan la esencia del individuo. Estas son traición, injusticia, humillación, abandono y rechazo.

  1. Traición: el niño percibe que los adultos le han decepcionado.

Se manifiesta en el adulto como:

  • la  necesidad de controlarlo todo
  • dificultad para confiar en los demás
  • perfeccionismo
  • fuerte intolerancia hacia la mentira
  • necesidad constante de sentirse importante o especial
  • búsqueda constante de títulos u honores

2. Injusticia: el niño crece en un ambiente frío y autoritario en donde no se le permitió desarrollar su individualidad ni le respetaron sus emociones.

Se manifiesta en el adulto como:

  • persona incansable
  • nunca admite tener problemas
  • siente la necesidad de siempre aparentar perfección
  • tiene mucho miedo a perder el control
  • le cuesta expresar sus sentimientos
  • ignora o le resta importancia a su malestar o enfermedad
  • tiende a criticar severamente a otros
  • a menudo sufre de depresión

3. Humillación: el niño recibe constantes burlas, críticas  y desaprobación.

Se manifiesta en el adulto como:

  • miedo al ‘qué dirán’
  • pone las necesidades de los demás primero siempre
  • utiliza la comida para gestionar sus emociones
  • hace a otros reír burlándose de sí mismo
  • se siente incómodo cuando las cosas le salen bien
  • siente que  no merece

4. Abandono: el niño creció con cuidadores emocionalmente ausentes o desconectados.

Se manifiesta en el adulto como:

  • miedo profundo al rechazo
  • dependencia excesiva
  • miedo a la soledad
  • usa las emociones (llanto) para manipular
  • se hace la víctima
  • conecta con otros a través del sufrimiento
  • ensimismado
  • no acepta consejos u orientación
  • tiene cambios drásticos de humor
  • tiene relaciones de pareja tóxicas
  • a menudo sufre de ansiedad

5. Rechazo: el niño crece sintiendo que su nacimiento no fue deseado y sus cuidadores no lo quieren.

Se manifiesta en el adulto como:

  • todo lo toma a modo personal
  • siente insatisfacción profunda con sí mismo
  • se siente insignificante
  • no se respeta y no sabe establecer límites
  • utiliza alcohol, drogas, juegos, sexo, etc. como escape (adicciones)
  • se siente aislado
  • puede ser perfeccionista

Si te has identificado con cualquiera de estas heridas, recuerda que no estás sola, no eres la única persona que se ha sentido así y hay ayuda disponible para ti.

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