La reconocida psicóloga de Notre Dame University, Darcia Narvaez, ha hablado y escrito extensivamente acerca de cómo algunos hábitos modernos de la sociedad están provocando que nuestros niños y niñas no puedan convertirse en adultos emocionalmente estables. Creencias tan sencillas como que es malo cargar demasiado a un bebé o que es bueno dejar que un bebé pequeño llore pueden sonar inofensivas, pero tienen el poder para afectar de maneras profundas el desarrollo emocional de un niño.
Tenemos que recordar que los niños y las niñas no ven el mundo como lo vemos los adultos. Para ellos nosotros somos quienes les proveemos seguridad y les hacemos sentir que importan. Pese a la opinión popular, sí se puede identificar los diferentes tipos de llanto y el significado de cada uno. No es cierto que los bebés lloran sólo porque quieren escuchar su propia voz. Cuando un bebé llora y nadie llega a consolarlo o averiguar si está bien, va desarrollando una creencia acerca de sí mismo que inicia con “no soy suficiente” o “no importo”. Imagínate lo que sucede con bebés de padres y madres que creen que parte del entrenamiento para que duerma es dejarle llorar hasta el cansancio. Ese cansancio, de hecho, es el bebé llegando a la conclusión que nadie está por él.
Muchos psicólogos y sociólogos están ahora ‘descubriendo’ algo que los pueblos originarios, grupos nómadas y tribus de cazadores-recolectores siempre supieron:
- El llanto de un niño o una niña es consolado inmediatamente por cualquier adulto cercano.
- Los bebés se cargan amarrados al cuerpo de su adulto. Primero en el pecho y desde los 4 a 6 meses, en la espalda. Es como una prolongación del embarazo y la madre o el padre realiza sus labores cotidianas mientras que carga a su bebé.
Hace unos días tuve el placer de observar a una madre joven bajarse de un colectivo y proceder a amarrar a su pequeño de unos 2 años en su espalda. Me encantó observar el proceso. Vi a muchas madres elegantemente vestidas, llevando a sus bebés de esa manera. Te confieso que por unos instantes deseé que mis hijos fueran pequeños para poder amarrármelos en la espalda también. Esa sensación de seguridad y de amor no tiene precio.
No permitas que la pseudo-civilización te haga ignorar tu intuición. No es cierto que se malcría a los hijos cuando los cargamos o consolamos su llanto. Esos gestos les demuestran que estamos presentes en sus vidas y que pueden contar con nosotros.
Hoy día los carritos ofrecen mucha conveniencia. Bueno, hasta que te toque subir escaleras. Mi intención no es convencerte que amarres tu bebé a tu cuerpo ni que le hagas una fiesta cada vez que llora. Quiero que como mamá o papá re-conectes con tu intuición y hagas todo lo que está a tu alcance para que tu bebé se sienta a salvo. Esto incluye establecer un apego sano, permitir que tenga acceso a otros adultos de la familia que son confiables, consolarle cuando llora y cargarlo más.
