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Abundancia

Un relato bíblico que me encanta es cuando Jesús alimentó a la multitud.

En esta historia me llama la atención la actitud de Jesús con el dilema de cómo alimentar a tanta gente. Obviamente ya los discípulos habían explorado todas las posibilidades naturales y habían concluído que lo mejor era enviar a toda esas personas a casa con hambre.

Jesús escuchó la idea y les dijo que no era necesario dar por terminada la reunión. Les sugirió que ellos alimentaran a la multitud. Imagino las caras de sorpresa, frustración y miedo que debieron poner los discípulos.

Finalmente se aparecieron con cinco panes y dos peces– una cantidad que obviamente no alcanzaría para todos los presentes. Pero cuando Jesús tomó ese poquito en sus manos, miró hacia el cielo, lo bendijo, lo partió y se lo dio a los discípulos para que repartieran.

Allí ocurrió el milagro. En manos de los mismos que sólo veían escasez.

Mirar hacia el cielo simboliza poner los ojos más alla de la situación actual hasta poder ver lo que se desea. En este caso significó ver la abundancia.

Cuando en tu mano queda tu último dolar, que no te alcanzará ni para el pasaje ¿qué haces? ¿Lo bendices o lo maldices? Puedo decir con seguridad que si es tu último dolar, lo más probable es que lo maldices. Quizás ha sido tu hábito de toda una vida: te quejas, te lamentas, le echas la culpa a media humanidad y envidias a los que tienen más.

No te has dado cuenta de que tú misma has traído escasez a tu vida con esa actitud.

De ahora en adelante levanta tus ojos por encima de tu insuficiencia hasta que puedas ver tiempos mejores. Luego bendice lo que tienes en tus manos y en tus manos ocurrirá el milagro.

¿No es un milagro un simple cambio en la percepción?

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