Regalos

Lo admito: me cuesta escoger buenos regalos. Al momento de comprarlo siento que no conozco suficiente a la persona para saber qué le gusta.  Ultimamente pregunto antes de comprar o doy efectivo. Es que me ha pasado que veo algo lindo que creo que le encantaría a alguna amiga y luego noto la cara de decepción disimulada cuando abre el paquete. Esa sonrisita que me indica que nunca usará lo que le compré y seguramente lo regalará. Bueno, ya sabes lo que dicen: la basura de uno es el tesoro de otro.

Cuando era joven me ofendía un poco cuando regalaba algo y la persona nunca lo usaba, pero con la madurez aprendí que una vez que yo haya entregado el regalo ya no es mío. Eso significa que el nuevo dueño o dueña puede hacer con ese obsequio lo que le dé la gana. Si no aprendo a soltar el regalo, entonces sufriré al ver que no le dan la importancia que yo creo que merece.

En los tiempos en que enseñaba en la iglesia (cuando juzgar y condenar era mi hobby favorito) yo utilicé muchas veces este ejemplo: Imagina que tú le regalas un carro de paquete a tu hijo, pero notas que no lo cuida y al poco tiempo el carro está sucio, chocado y dañado, ¿cómo te sentirías? Pues imagina cómo se siente Dios al ver que desperdicias tu vida. Según yo, esas palabras tocaban a las personas y les inspiraban a cambiar. Pues no. Mi teología estaba basada en mis propios sentimientos de no ser suficiente y aunque sonaba profundamente espiritual, no lo era. Me tomaría una hora explicarte por qué ese razonamiento nunca inspiró a nadie.

Según Buda la raíz de todo sufrimiento es el apego. 

Cuando yo doy un regalo con expectativas me estoy apegando a cierto resultado. Cuando no recibo los resultados (o las reacciones) que yo considero que necesito o merezco, entonces voy a sufrir. Este sufrimiento podría manifestarse como resentimiento hacia la persona que recibió el regalo, tristeza por su actitud, cuestionamiento de sus sentimientos hacia mí, enojo por haber escogido mal el regalo, hacerme la víctima porque nadie me quiere, todos me odian…etc. Todo esto porque me apegué a cierto resultado que tenía que ver más con mi propia felicidad que con la de la otra persona.

Hace unos días una joven admiró un artículo en mi posesión y decidí regalarle uno casi igual. Al día siguiente me llenó de excusas de por qué no lo había usado aun. Le sonreí con dulzura. Ella no sabe que cuando ese objeto pasó de mis manos a las de ellas yo lo solté por completo. Ahora le pertenece a ella y puede hacer con él lo que quiera.

A todos nos conviene aprender a soltar porque puede ser que Buda haya tenido razón: sufrimos cuando nos apegamos a las cosas, las creencias, los lugares y las personas.

 

3 thoughts on “Regalos

  1. Maravilloso escrito, es muy cierto. Nos han enseñado como aferrarnos a las cosas, pero no como dejarlas ir. Recuerdo que siempre que iba en el carro y le daba efectivo a alguien vendiendo bolsas de basura y yo le decía que conservará la bolsa y el dinero y siquiera vendiendo. Una amistad que me acompañaba en ese momento me decía que porque hacia eso, que lo más probable es que lo gastaría en drogas o alcohol. Yo le respondí en ese momento que eso no era asunto mío. Además le dije que la satisfacción y el agradecimiento que sentía al poder dar era más fuerte.

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