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Amor Que Engorda

Hoy vi una escena que no es totalmente extraña. Decidí almorzar comida china y me fui al restaurante más cercano. Mientras esperaba mi comida, noté a una niña bastante bastante gorda en la mesa de al lado.

La niña tendría unos 8 ó 9 años de edad. En frente tenía un plato ovalado con un cerro de arroz frito de pollo. (Los que viven en Panamá saben cuán grandes suelen ser las porciones en muchos restaurantes chinos). Obviamente la niña ya se había llenado porque se dedicaba a hacer caminitos y lomitas con el arroz. De vez en cuando se metía la cuchara a la boca pero la sacaba casi igual de llena.

Después de unos minutos, la niña levantó la cabeza y le dijo: “Papá, ya no quiero más. Me llené”. El padre, quien estaba ocupado con su celular, miró el plato y le dijo a la niña que tenía que comer más. La pobre niña suspiró y siguió jugando con el arroz.

Unos minutos más tarde dijo: “Papá, te dejo este poquito. mira todo lo que me comí. Ya estoy llena.” El papá hizo un gesto de fastidio y volvió a ocuparse de su celular.

¿Mencioné que la niña estaba muy muy pasada de peso? Me pregunté en ese momento si será que el padre estaba tan acostumbrado a su gordura que ya lo veía como normal. Aparentemente todavía existen papás y mamás que pertenecen al club del plato limpio. Lo triste es que las estadísticas de obesidad infantil en Panamá son preocupantes y no podemos seguir echándole la culpa a McDonald’s, KFC y Burger King.

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