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¿Dónde estás, Mamá?

Hace unos días tuve la oportunidad de conversar con un grupo de niñas entre las edades de 11 y 13 años acerca del desarrollo del cuerpo de la mujer. Inicié la discusión con preguntitas sencillas acerca de los cambios que notaban en sus cuerpos y sus emociones. Luego hablamos acerca del significado del ciclo menstrual. No se imaginan mi sorpresa cuando solamente dos o tres niñas del grupo tenía una remota idea acerca del significado de este proceso tan importante en la mujer.

Con caritas de sorpresa prestaron atención a mis explicaciones sobre las maravillas de sus cuerpos. Tenían tantas preguntas acerca del sexo, el embarazo, los varones, que a veces era difícil avanzar, y con cada respuesta se levantaban más manos con más interrogaciones.

En un momento dije: “voy a explicarles esto por encimita porque seguramente ya mamá les habrá explicado los detalles.” A una voz la mayoría respondió que no, mamá no tenía tiempo para hablar de esas cosas. ¡Con razón tenían tantas ideas incongruentes!

Mi pregunta es entonces, ¿de qué hablan? Si una madre no encuentra el tiempo para conversar con su hija acerca de su desarrollo y su sexualidad, entonces ¿en qué está ocupando su tiempo? ¿Qué puede ser más importante que asegurarse de ser la fuente de información para temas tan delicados? ¿Y cómo pretenden inculcarle valores a estas niñas si no tienen tiempo para conversar? Y si no le toca a la mamá hablar de eso, ¿de quién es la responsabilidad?

No me extraña ni un poquito que niñas de 11 y 12 años, estén en las salas de partos cuando debieran estar en las salas de sus casas.

¿Que no tienen tiempo? ¡Qué excusa más insensata!

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