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Cuando termina mal

Ojalá en todas las escuelas se dictara una asignatura acerca de cómo llevar bien un matrimonio. La verdad es que creo que el sistema educativo moderno tiene el deber de darles a los estudiantes herramientas para poder desenvolverse en todos los aspectos de la vida diaria. Sólo se pone énfasis en la parte académica y ni se menciona lo que respecta a la vida real. Hay un sinnúmero de temas importantes que luego toca aprender a golpes, en especial las que tienen que ver con las relaciones de pareja.

Lamentablemente cuando las parejas finalmente buscan ayuda profesional, ya es demasiado tarde. Ya le contaron sus intimidades a la familia, la vecina, el peluquero, los compañeros de trabajo y a media humanidad. Cada vez que contaban los problemas, los ‘expertos’ emitían juicios peligrosos y daban consejos inservibles. Cuando finalmente alguien les sugiere el nombre de un especialista, ya es demasiado tarde. Ya se odian pues han hablado demasiadas sandeces vergonzosas e imperdonables. Ya no hay respeto y quizás tampoco hay amor.

Pero eso sí, llegan a mi consultorio exigiendo que yo saque mi varita mágica y resuelva todo en 60 minutos porque les salía gratis contarle a los amigos y lo mío es caro. Ninguno de los dos está dispuesto a ceder ni negociar, y a pesar de que siguen viviendo bajo el mismo techo, duermen en cuartos separados incomodando a los niños e involucrándoles en problemas en los que los pobres no tienen por qué participar.

Al final de la sesión les dejo la tarea de actuar civilizadamente y dejar de gritarse delante de los niños. Pero cuando regresan me cuentan que no se pudo. No se dan cuenta que solamente un ser extremadamente egoísta insiste en montar su espectáculo de ira delante de sus hijos. Y me cuentan que no entienden por qué un niño ha bajado las notas escolares y por qué la maestra del otro los citó.

¿Qué están dispuestos a hacer para arreglar esto? pregunto.
La respuesta inmediata es ‘para eso vinimos. Díganos usted.’ Y les doy mi sonrisita. Aquella que reservo para ocasiones especiales– esos momentos en los que el ser humano insiste en que los culpables siempre son otros. Nunca miran hacia adentro. Nunca meditan en sus actos, porque prefieren volverse expertos en la disfunción para no tener que enfrentar la verdad.


Photo credit: Ed Yourdon via Foter.com / CC BY-NC-SA

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