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El mito de la princesa

El año pasado leí un cuento con mis estudiantes en el que un hombre joven, guapo y exitoso se había enamorado perdidamente de una mujer mucho mayor que él. Al leer el relato algunos hicieron gestos de incredulidad. No se les ocurría por qué razón un hombre con tanto potencial se fijaría en una ‘vieja’. Ya que mi intención al enseñar es ofrecerles a mis estudiantes las herramientas necesarias para funcionar eficientemente en el mundo real, nos detuvimos unos momentos para discutir este asunto.

Analizamos cuáles son las necesidades básicas de un hombre y a qué se debió que este joven sintiera que esta mujer en sus cuarentas suplía a cabalidad esas necesidades.

Al finalizar la discusión, todos comprendieron que una mujer madura que cree en sí misma está mejor capacitada para satisfacer a cualquier hombre (y no me limito al sexo) precisamente porque ya ha dejado atrás su complejo de princesa.

Mis estudiantes entendieron, aunque sea por esa semana, que en esto también la sociedad nos ha mentido.

Si no sabes en qué consiste el complejo de princesa te lo resumo: soy joven, soy bonita, haz todo por mí y yo me limitaré a verme bien y recibir. Lo único que te daré a cambio es mi cuerpo y como soy tan bonita, deberías sentirte privilegiado de tenerme y darme todo tu dinero y tu atención.

Lo he visto varias veces en mi consultorio y ¿quién les saca esa idea ridícula de la cabeza a esas ‘princesas’? Una decía con lágrimas “pero mírame, soy el paquete completo, tiene que amarme.”

Los medios de comunicación han mentido y la mayoría se ha creído el cuento de que solamente te consideran bella, atractiva o sensual si tienes cierta edad, cierto tipo de cuerpo, cierto largo de cabello, cierto tono de piel… en fin, la lista de exigencias primitivas es larga.

Lo doloroso es que es precisamente esa lista la que mantiene a tantas mujeres infelices y acomplejadas con lo que ven en el espejo. Y es precisamente esa lista tonta la que hace que muchos discriminen a las mujeres de cierta edad en el ámbito laboral y artístico.

Como nosotros mismos somos la sociedad, nos tocará a cada uno dejar atrás los prejuicios y empezar a valorar la verdadera belleza de una mujer. Ya lo he dicho y lo seguiré diciendo: no hay mujer más hermosa y sensual que aquella que cree en sí misma. No importa la edad que tenga, una mujer que no pierde tiempo tratando de ser otra, sino que se dedica a aceptar y amar lo que tiene, es encantadora. Es un deleite mirar a esa mujer y un privilegio tenerla.


reobenone / Photo / CC BY-SA

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