Fecha de expiración

Una cosa que tengo claro es que a veces las relaciones tienen fecha de expiración.  La sociedad nos ha programado para creer que las amistades y el matrimonio tienen que durar para siempre. Sin embargo si tu propósito es vivir en paz y armonía contigo mismo y los demás, quizás sea hora de explorar otras posibilidades.

Celebramos la duración de la relación y no tomamos en cuenta la salud de la relación. Criticamos a los que deciden terminar y decimos que han fracasado.  Decimos que hay que ‘luchar’ por la relación y sin querer damos a entender que es difícil, complicado, sufrido y sacrificado. A eso le llamamos romance.

Esta programación causa que muchos hombres y mujeres permanezcan en relaciones donde toleran maltrato emocional y físico como parte de la lucha. Normalizan los insultos, los gritos, los desplantes y los golpes porque no quieren fracasar.  Alguien debería ayudarles a redefinir la palabra ‘fracaso’.

Sucede similar con las amistades; nos encanta alardear que seguimos en contacto con las personas que estuvieron con nosotros en la secundaria como si fuese un gran logro o algo digno de admirar. No queremos admitir que han sucedido una de dos cosas: nos quedamos estancados juntos o aprendimos a tolerar la disparidad de madurez por lealtad falsa. En el mundo ideal creceríamos juntos emocionalmente, profesionalmente y económicamente, pero pocas veces es el caso.

No tiene nada de malo terminar aquellas relaciones que no aportan nada positivo a tu vida. No es egoísmo y no es arrogancia. Tú llegaste a este mundo por algo y para algo. Si en tu círculo insistes en mantener a los seres que viven de drama, discordia, malas decisiones, violencia, burlas, escasez, críticas y malestar entonces no te sorprendas si tu vida se llena de todo eso y más. Si la amistad o la relación de pareja es un campo de batalla en donde tú o tus hijos son víctimas, entonces es hora de ponerle fecha de expiración.

La lealtad no tiene que ser eterna.