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Me honran

No estoy segura de cuándo empezó, pero cuando camino por las mañanas, parezco reina de carnaval.

 

Lo que sucede es que en mi ruta he conocido a muchas personas. Desconozco sus nombres, pero de tanto vernos nos saludamos como grandes amigos.

 

Parece que cada mes se agrega alquien más y ya no puedo perderme en mis pensamientos; tengo que estar pendiente de no pasar a ninguno de mis “amigos” sin el respectivo saludo.

 

Hace unos meses empecé a pasar al lado de una señora de unos cincuenta años que esperaba la chiva. Al segundo encuentro le sonreí y le dije buenos días. Me ignoró. Es más, así sucedió durante varias semanas. Pero no me rendí. Sabía que algún día me respondería y así fue. Empezó contestando pero con la cara amarrada. Finalmente un día sonrió. Me di cuenta de lo bonita que es.  Ahora si paso por la parada y no la veo, la encuentro subiendo la loma de su calle y en la distancia nos saludamos con alegría como viejas amigas.

 

Esta semana se sumó a la lista una madre joven con dos varones pequeños.  La he visto estresada tratando de balancear mochilas, loncheras, cartulinas y a la vez tratando de evitar que sus dos pequeños salgan corriendo frente a un carro. Le he sonreido. Aun no reacciona, pero pronto lo hará y se sumará a mi lista de “amigos”.

 

Recientemente un vecino empezó a ejercitarse en mi ruta. Las primeras veces que nos encontramos y saludé su respuesta sonó como si hubiese ladrado. Luego empezó a mover la cabeza como dando a entender que reconocía mi presencia.  Hoy sonrió.

 

La lista es larga; una madre joven que va manejando, una vendedora de mi edad que camina hasta la parada más lejana para hacer ejercicio, dos guardias de seguridad, un señor que viste exactamente igual todos los días (y no es uniforme), un joven discapacitado, varios trabajadores de la construcción… perfectos extraños que me han incluído en sus rutinas diarias. Me honran.

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