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¡Me llamó fea!

Hoy estuve atrapada por más de una hora en un tranque vehicular de aquellos que salen en las noticias. Me dirigía hacia una oficina gubernamental para una cita. Salí con hora y media de anticipación de mi casa aunque normalmente sería un viajecito de 45 minutos. Pero conozco las calles de mi país y no estaba 100% segura de la dirección, así que decidí salir temprano. Bueno, por lo menos esa fue mi intención.

 

15 minutos antes de la hora de la cita, noté que me encontraba a 15 minutos de mi destino. Pero lamentablemente no llegué hasta 45 minutos después. Todo el que me conoce sabe que siempre soy puntual. Se imaginan mi dolor cuando la hora llegó y pasó y yo seguía en el congestionamiento.

 

Ya casi llegando, los carros empezaron a moverse a mayor velocidad. (Es decir, ya no íbamos a 1km/h sino como a 5). Pero noté que varios autos se metían por una calle aledaña. Normalmente esto no me molesta, es más, durante mi permanencia en el tranque le di chance para pasar a más de uno. Pero lo que me molestó es que estos carros simplemente se tiraban sin aviso; sin tan siquiera sacar una mano o señalar con las luces o pitar. Cuando me tocó pasar frente a esa calle, un carro blanco (Hyundai, Santa Fe) trató de intimidarme pisando su acelerador y haciendo como que no frenaría. Eso no me gusta, así que decidí que esa persona esperaría. Con toda la tranquilidad del mundo, asegurándome de mirar hacia otro lado y hasta silbando un poquito, le cerré el paso. Soy maestra y no puedo premiar a un maleducado.

 

Bueno, no se imaginan mi sorpresa cuando el individuo en el carro blanco bajó sus ventanas un poquito y me gritó: ¡FEA! Me tomó de sorpresa y no pude evitar reir del adolescente atrevido que estaba tratando de dañar mi día. Le sonreí y saludé con dulzura sarcástica como diciéndole: ¡YO GANÉ y de paso, NO SOY FEA! Creo que entendió.

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