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Adopciones

Estamos adoptando una niña. Sí, puedo tener hijos biológicos, pero decidimos que sería un gesto bonito para la humanidad ofrecerle un hogar a un huérfano. Como dice mi hija: “debe ser muy feo crecer sin mamá y papá”.

 

Cuando le comento a las personas de nuestra decisión las reacciones son diversas. Van desde rechazo total de la idea hasta alegría. Algunos preguntan por qué haríamos tal locura. La mayoría celebra.

 

La niña que nos han asignado ya tiene 9 años. Algunos se escandalizan porque creen que ya está dañada. Yo me siento honrada. No tendremos que pasar por la incomodidad de explicarle “cuando sea grande” que no salió del útero de esta mujer. No correremos el riesgo de que se entere cuando algún familiar o “amistad” fuera de control se lo eche en cara. No tendremos que esperar el momento perfecto para explicarle que fue adoptada. Esta niña lo sabe. Sabe que fue escogida y lo agradecerá.

 

El día que fuimos a leer su expediente, le tomamos una foto a su foto. Es hermosa. Aun no la hemos visto, pero la amamos. Quizás traiga problemas de conducta: la mayoría de los niños que acuden a mi consulta son hijos biológicos y no se imaginan los problemas de conducta que tienen. Quizás tenga problemas emocionales: en verdad, ¿quién no los tiene?. Tal vez tenga problemas de aprendizaje: he trabajado en escuelas durante 23 años y sé que los hijos biológicos también los tienen.

 

Me siento honrada de poder agregar a una perfecta desconocida a mi círculo familiar. Es un riesgo, igual como lo es parir.

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