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Por tu propio bien

Últimamente he empezado a ver “You Are What You Eat” (tú eres lo que comes) en el canal de la BBC.  Me encanta ver cómo las personas con sobrepeso reciben orientación para cambiar sus hábitos alimenticios y deshacerse del peso innecesario.

 

Lo que más me llama la atención es ver cómo estas personas se resisten a seguir las indicaciones de la experta. Algunas veces se molestan con ella y la ofenden, otras veces hacen trampa y comen lo que no deben  y se quejan demasiado como si la culpa del sobrepeso fuese de ella.  Claro está que eso hace que el programa sea más interesante, así que supongo que es parte del acuerdo.

 

Pero me hace pensar en la cantidad de veces que las personas simplemente se rehúsan a seguir consejo.  Recuerdo en particular una mujer que se me acercó hace unos años quejándose porque sus hijos (ya adultos) la estaban “volviendo loca”. Con lágrimas en los ojos me describió los malos pasos de cada uno y cuán cansada estaba de tener que lidiar con eso.  Ella me aseguró que sus problemas de salud todos eran provocados por sus dos varones.

 

Al final de su largo discurso le pregunté por qué estos dos hombres seguían viviendo en su casa. Ella me miró con sorpresa y me contestó “porque son mis bebes. ¡no los puedo echar!”

 

¿Qué te puedo decir? Generalmente estamos como estamos porque somos como somos.

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