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Compitiendo solita

Camino todas las mañanas ya sea que haga sol o lluvia. Así lo he estado haciendo durante casi 20 años. Durante mis caminatas me he encontrado de todo un poco. Aunque he cambiado de ruta muchas veces, algunas situaciones se repiten. Te podría contar tantas experiencias, pero solamente resaltaré algunas.

Hace unos años caminaba de tarde después del trabajo. Una vez un señor que siempre me pasaba en su bicicleta a la misma hora se acercó y me tocó el muslo e inmediatamente cruzó la calle. Me detuve y con toda la autoridad que me he dado a mi misma le dije: “¡Te maldigo en el nombre de jacarandá!” El señor se cayó de la bicicleta y nunca más lo volví a ver. No soy bruja y no practico nada de eso, pero me pareció un gesto recíproco darle un poquito de su propia medicina. Jacarandá es un árbol, por si no lo sabías. Usé ese nombre porque suena intimidante y sabía que se asustaría. Funcionó.

Más de una vez se han detenido carros y con sonrisita de bobo quien va al volante me pregunta si estoy haciendo ejercicio. No les contesto. No tengo tiempo para eso porque es obvio que estoy ocupada amasando pan en ese momento.

Me he encontrado con cualquier cantidad de borrachos los fines de semana. Recuerdo una vez un sujeto venía tambaleando hacia mí.  Entrecerré los ojos, gruñí como animal feroz, levanté mi brazo y le señalé fijamente con el dedo índice. Se le fue la borrachera.

Pero definitivamente lo que más encuentro son mujeres confundidas. De verdad que creen que yo despierto en la mañana pensando en ellas. Más de una me ha tirado el carro encima y me toca saltar a una zanja. En otra ocasión venía otra caminando detrás de mí con su pareja y la pobre hizo de todo para pasarme, porque según ella era una carrera. El señor que venía con ella la llamaba y le preguntaba por qué estaba tan acelerada, que por favor lo esperara. Pero era importante para ella pasarme. Yo la ignoré; ni siquiera cambié mi velocidad. Pobrecita, se cansó tanto que al ratito tuvo que detenerse para respirar.

Hoy iba caminando tranquilita y solita. Del otro lado de la calle venía una pareja en dirección opuesta. Cuando la mujer me vio inmediatamente empezó a trotar. De reojo la vi mirándome, tratando de llamar mi atención. Pues no, no salí de mi cama a las 5:45 am para prestarle atención a una desconocida.

Cuando yo iba de regreso, ellos venían en dirección contraria. Nuevamente la mujer, visiblemente agotada, empezó a trotar en cuanto me vio y dejó atrás a su pareja. Lo siento, yo seguí en lo mío. Ya te dije, yo hago ejercicio por mí, no para competir ni impresionar.

Pero me preocupa esa actitud en muchas mujeres; todo lo convierten en certamen. Sinceramente creen que uno no tiene nada más que hacer con su tiempo. No se han dado cuenta que algunas no tenemos ni el mínimo interés en comparaciones o competencias tontas. No compito con nadie, por lo tanto nadie puede competir conmigo. Es así de sencillo.

Cuando vas por la vida sedienta de admiración y aprobación de los demás, abres la puerta para que cualquiera con una opinión desfavorable te controle.

 

5 comentarios en “Compitiendo solita

  1. Siempre me ha parecido una inútil y estéril pérdida de tiempo eso de mujeres en competencia. En mi oficina muchas de las mujeres se enfrascan en este tipo de tontería al punto de hacer todo lo posible por llamar la atención. Mi objetivo es totalmente distinto: aprender, crecer, ayudar, dejar un legado y seguir con mi vida de la mejor forma posible. Para mí cada ser humano es único e invaluable y no le veo ningún sentido ha tratar de competir por el mero hecho de hacerlo. La vida hay que vivirla con entusiasmo y optimismo, no hay porque perder el tiempo en cosas que no aportan valor a nuestra vida. Cada día es un regalo que no se vuelve a repetir hay que aprovecharlo al máximo!

  2. La verdad nunca compito ,me gusta ir a mis anchas conversar con mis pensamientos, tararear canciones en mi ser ,me gusta sentir el aroma de la tierra mojada ,escuchar mi corazón ,que la vida me sorprenda y yo dejarme sorprender ,no competir con alguien que no disfruta su viaje por esta vida fiajandose y frustrada por lo de los demás que pérdida de tiempo y energía .

  3. Ésto me frustró por un tiempo hasta que me dí de cuenta que podía reconocer en el rostro de las compañeras de trabajo a qué venían: a averiguar te la vida para usarlo en tu contra, a ridiculizarte/ humillarte, a levantarte alto para soltarte de abrupto, a hacerte su paño de lágrimas, cómplice… Muy pocas veces para darte la bienvenida o expresarte aceptación como compañera en el camino. Pero cuando estás dos últimas sucedían, me inspiraban a seguir apreciando su femineidad. Ya me dedico más a ignorar y ser feliz yo. Me funciona!

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