Una de las conversaciones que he tenido con mayor frecuencia en los últimos años es sobre el diálogo interior.
Hay demasiadas personas convencidas de que necesitan creer y aceptar cada pensamiento que surge en sus mentes. Algunos creen que esa voz que los condena constantemente es la de un ser superior que los controla como si fueran títeres. Les sorprende mucho escuchar que esa voz puede equivocarse y, de hecho, puede ser la causa de la ansiedad, la depresión y muchas de las ideas negativas que tienen.
Tu mente está diseñada para servirte. Para que eso suceda, necesita asegurarse de que sobrevivas. Lamentablemente, eso significa que cada vez que intentes hacer algo fuera de la rutina o que implique cierto riesgo, tu mente va a tratar de convencerte de que es una mala idea y de que estás en peligro.
Tu trabajo no es tomar ese “regaño” como una verdad absoluta, sino convencer a tu mente de que estás a salvo y de que todo saldrá bien. Eso lo haces participando activamente en tu diálogo interior, en lugar de limitarte a escuchar pasivamente.
Te doy un ejemplo:
Te surge la oportunidad de viajar en avión por primera vez. Tu mente empieza a decirte que podrías morir en un accidente aéreo o que podrían secuestrarte en ese país.
En ese momento te toca tranquilizar a tu mente. Dile que vas a aprovechar la oportunidad y que todo va a salir bien. Repítelo una y otra vez, de ser posible mirándote a los ojos frente al espejo.
¿Qué te estoy diciendo?
Que tu diálogo interior es poderoso. Tú puedes transformarlo para que sea una conversación que te impulse hacia tus metas, en lugar de convertirse en una voz que te debilite y te frustre.

