Hace dos dias tuve la oportunidad de conversar con una maestra de 23 años que apenas inicia su viaje docente. Me vi reflejada en ella. Yo tenía 21 años cuando entré por primera vez a un salón de clases con 36 estudiantes de séptimo grado como profesora de Ciencias. Compartí con ella algunas herramientas y consejos prácticos que me habría gustado recibir cuando comencé.
Hace unos meses escuché a una especialista en educación hacer una pregunta durante una ponencia dirigida a docentes:
Si un estudiante falta a tu clase, ¿se pierde de algo que no podría encontrar fácilmente en línea?
No tienes idea de cuánto me puso a pensar.
Llevo años escuchando a la gente quejarse del sistema educativo panameño. Pero hoy quiero compartir mi opinión no tan popular después de 35 años en el salón de clases: el sistema no es el problema; los participantes lo son.
Padres, madres y acudientes, docentes y directores de planteles tenemos responsabilidad en lo que está sucediendo.
Me tomaría demasiado tiempo explicar exactamente en qué ha fallado cada uno, pero hay algo que me parece evidente: en muchos casos estamos preparando a nuestros estudiantes para un mundo que ya no existe.
La educación moderna ya no puede basarse únicamente en impartir conocimiento, porque el conocimiento hoy está al alcance de cualquiera que tenga WiFi o datos móviles.
Entonces, ¿qué se supone que debe suceder en nuestros salones de clases?
Volviendo a la joven maestra con la que conversé ayer, le pregunté:
—¿Qué necesitan tus estudiantes de ti?
Se tomó unos segundos para pensarlo y luego respondió:
—Conocimiento.
Nuestros estudiantes ya tienen acceso a una cantidad de información que ninguna generación anterior tuvo.
Lo que necesitan de nosotros es que les ayudemos a entender, cuestionar, analizar y darle sentido a esa información.
Necesitan nuestra opinión, nuestro juicio, nuestra perspectiva, nuestro punto de vista, nuestra valoración y, sobre todo, nuestra humanidad. Necesitan que les enseñemos a usar la información con inteligencia y sentido común. Necesitan desarrollar destrezas que serán cada vez más importantes en un mundo en el que la inteligencia artificial puede producir respuestas en segundos.
1. Habilidades humanas y socioemocionales:
Empatía, comprensión, liderazgo que inspira, colaboración intercultural, comunicación y capacidad para relacionarse con otros seres humanos.
2. Pensamiento crítico profundo:
La capacidad de emitir juicios éticos y morales, tomar decisiones complejas cuando no existe una respuesta evidente y enfrentar desafíos para los que no existen precedentes.
3. Creatividad:
La disposición para aprender, desaprender y reaprender; para cuestionar los patrones establecidos e imaginar posibilidades que todavía no existen.
Y aquí conecto con algo que vi hoy.
Vi un reel de un padre preocupado porque no podía creer lo que estaba escuchando cuando su hijo de 11 años le preguntó si el pan crecía en los árboles o si había que prepararlo.
Te aseguro que ese niño sabe perfectamente cómo usar un celular o una tableta. Probablemente sabe navegar por TikTok, encontrar videos, jugar y buscar prácticamente cualquier cosa que le interese.
Y no, esto no sucedió en el “tercer mundo”.
Entonces me pregunto:
¿De qué sirve que nuestros estudiantes tengan acceso a toda la información del mundo si no saben qué hacer con ella?
La pregunta que me hizo pensar aquella especialista hace unos meses sigue dando vueltas en mi cabeza:
Si un estudiante falta a tu clase, ¿se pierde de algo que no podría encontrar fácilmente en línea?
Si la respuesta es “no”, quizás ha llegado el momento de preguntarnos qué estamos haciendo en nuestras aulas.
¿Ahora, qué vas a hacer con esto?

