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Entre las metas

Me encanta que cada enero la ruta de mi caminata matutina se llena de personas de todas las edades que se han propuesto mejorar la salud durante el año nuevo. Lamentablemente, para finales de enero la cantidad de entusiastas empieza a disminuir y ya a mediados de febrero quedo nuevamente caminando sola. ¿Por qué será que la mayoría no logra mantenerse fiel a esas metas? Pues aunque tengo una idea bastante clara de las razones por las cuales te rindes o abandonas tus promesas iniciales, no las compartiré hoy. Siento que sería como llover sobre mojado. En el fondo bien sabes a qué se debe.

Es triste, ¿no? cada fin de año empiezan las reflexiones llenas de buenas intenciones. Buscas alguien o algo que te motive a ser diferente. Dices “esta vez sí es en serio”. Pero pasan los días, caes en la rutina y empiezan las excusas. La vocecita motivadora deja de ser audible y en su lugar escuchas el debate eterno que busca culpables por tu falta de compromiso.

Este año deja el tradicional bailecito entre tus planes y tus sentimientos de culpa. Si no vas a cumplir tu palabra es mejor no participar en el ritual de escribir metas. Si ya elaboraste tu listita pero sabes que, al igual que en años anteriores, no las cumplirás, bótala. No tiene sentido que deliberadamente te sometas a una situación en la que fracasarás.

Te invito este 2014 a vivir en autenticidad y lealtad a quien has sido diseñada para ser. Sólo así les darás a los que te rodean la libertad para ser quienes son sin imitaciones, sin apariencias, sin máscaras. Y al permitir que cada individuo sea real, acéptalo tal cual es.

Alan Cleaver / Foter.com / CC BY

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