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¡Llegó papá!

He decidido escribir otro libro. Puede ser porque me cansé de escuchar la misma historia y de tener la misma conversación una y otra vez. Supongo que lo que pienso empezar a hacer es simplemente pasarles el libro. De esa manera no tendré que sonar como disco rayado.

Recientemente estuvo en mi consultorio un niño adolescente que fracasó casi todas las asignaturas académicas. Le pregunté a la madre a qué se debía ese bajo rendimiento y me echó una cantidad de cuentos que me dejó mareada. Le pregunté al chico lo mismo y no hizo más que repetir todas las historias de la mamá. Básicamente ellos insistieron en culpar a los profesores, el sistema escolar, los compañeritos de clase, la directora… la lista era larga.

Noté que el chico era inteligente por la manera en que se expresaba. Sin embargo para descartar la posibilidad de problemas de aprendizaje, le hice un test de inteligencia. Resulta que el chico tiene cociente intelectual de 120, considerado inteligencia brillante. Así que solamente me quedaban dos posibles causas del fracaso escolar. Como llevo 25 años en el salón de clases y casi 10 años en esto, pregunté por el papá del niño.

Inmediatamente la madre reaccionó: ‘¡Eso no tiene nada que ver! Yo soy su mamá y su papá.’ Habló con tanta furia que noté que estaba tratando de convencerse ella misma. Yo había dado en el clavo. Resulta que el papá había abandonado la relación cuando el niño tenía 3 años y por esa ‘gracia’ la madre le había prohibido ver a su hijo.

Mientras ella lloraba y trataba de justificar su tonta decisión de hace más de una década, empecé a recordar otras historias similares en las que una mujer tontamente cree que ella tiene el derecho de prohibir a un padre tener contacto con su hijo simplemente porque ella lo parió. Me puse a pensar en las mujeres que erradamente se catalogan como ‘padre y madre’ sin darse cuenta que por super mamá que sean, jamás podrán ser padres. Recordé las miles de mujeres que creen que es correcto embarazarse sencillamente porque su ‘reloj biológico’ les recuerda que se les está agotando el tiempo de fertilidad. Así que salen a buscar un embarazo sin darse cuenta que no es justo traer a un niño a un mundo desequilibrado. No se han dado cuenta que por más que amen a ese niño, siempre le hará falta esa relación con papá.

Creo que la sociedad en general tiene un complot para destruir la imagen del hombre. Estas actitudes han hecho a muchos hombres creer que su única contribución a la familia es monetaria, si acaso. Me molesta cuando llegan papá y mamá a mi consultorio para acompañar a un niño y cuando les digo que pasen, el papá se queda sentado porque eso no es con él. Me toca entonces hacerles la pregunta bochornosa acerca de su paternidad. Por mientras los hijos sufren esa desconexión.

Pienso en los cientos de niños y niñas que tienen el corazón roto porque papá– el héroe– no está. No porque se haya muerto, si no porque está vivo pero no llama, no visita y no los lleva a pasear.

Miro la sociedad y veo todos los problemas que se hubiesen evitado si los hombres supieran cuán valiosos son para el desarrollo emocional de los hijos. La mamá es importante pero el papá es igual de importante y a veces, más.

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