No es para mí

Recientemente he empezado a darme cuenta de un cambio interesante en mi forma de ver la vida. Luego de vivir muchos años convencida que me tocaba convencer al mundo de mi opinión entendí que las situaciones, los productos o la música que no me agradan no son necesariamente cosas malas.

Nunca me ha gustado el dulce de frutas y tampoco me gusta el arroz con guandú. No soy fanática del café y el reggaetón no me llama la atención. El sushi no me impresiona y no le hallo sentido a Twitter. Creo que el desayuno está sobrevalorado y que el cabello lacio es demasiado predecible para mi gusto. Ninguna de estas cosas son malas pero si me dejo llevar puedo ofrecer una docena de argumentos en contra de cada una.

Muchas veces acudimos a un restaurante y el producto que recibimos no llena nuestras expectativas. Esto no significa que el servicio es malo si no que teníamos otra cosa en mente. Es muy diferente que no te guste lo que tienen en el menú a que encuentres un pelo en tu sopa.  Pero lo primero que hacemos es decir que el negocio es una basura sin darnos cuenta que quizás hay personas que creen que es maravilloso.

Si no me gusta algo eso simplemente significa que no es para mí. Así como tengo derecho a manifestar mis gustos y preferencias debo extenderles a los demás la oportunidad de sacar sus propias conclusiones.

En otras palabras no tiene sentido declarar que el dulce de frutas es horrible, el arroz con guandú sabe mal, el café no tiene buen sabor, el reggaetón es una pesadilla, el sushi huele horrible y Twitter es una pérdida de tiempo simplemente porque no son de mi agrado.

Por ejemplo: felicito a todos los que han decidido ser veganos. Me encantaría encontrar un vegano que no trate de hacerme sentir mal por comerme una hamburguesa. ¿Por qué cuesta tanto dejar de imponer aquellas cosas que nosotros escogimos voluntariamente?

La madurez me ha enseñado que las cosas que no me gustan no son necesariamente malas, simplemente no son para mí.

Hace unas semanas conversaba con un desconocido en un grupo de autores. Según él es imposible que alguien escriba un libro que guste a todos. Le expliqué que he escrito como 15 libros y si a alguien no le ha gustado alguno es porque no lo escribí para esa persona. Así de sencillo.

No tienes que tratar de complacer a todos y tampoco tienes que emitir juicio sobre todo. A veces las cosas que criticas y condenas simplemente no fueron diseñadas para ti. Esto significa que a veces es necesario tomarte una taza de humildad para entender que no te toca convencer a nadie de nada.

Duele aceptar que a veces vamos a caer mal, a veces vamos a hacer cosas que desagradan a muchos, con frecuencia vamos a tener ideas que no son populares, pero en cuanto entendamos que no somos para todos los gustos sentiremos paz.