Pon esos límites

Quien sea que tuvo la idea de poner gente en los estacionamientos para seguirte con la intención de venderte un producto no pensó bien las cosas. Uno sale apurado del supermercado y se aparece esta persona con una sonrisa demasiado amplia tratando de convencerte que tú necesitas lo que sea que tiene en esa lata porque tu carro se verá mejor. ¡Uf!

De seguro hay personas que disfrutan de esos encuentros aleatorios, pero yo no soy una de ellas. Los que me conocen saben que disfruto del supermercado porque me encanta observar a humanos haciendo cosas sencillas. Pero salir del local con la intensión de subirme a mi carro y ser interceptada con amabilidad agresiva es demasiado.

Tengo todo un sistema para detenerlos. Justo cuando empiezan a seguirme les indico con la mano y la cabeza que no estoy interesada. En los días pre-mascarilla les sonreía con dulzura. Hace años que ninguno se acercaba… hasta ayer. Pasé desapercibida por unos instantes porque el estacionamiento estaba lleno, pero un joven me vio justo cuando metía mis paquetes al carro. Antes que iniciara su discurso memorizado le dije:

-No estoy interesada.

El joven insistió que solamente le tomaría 5 segundos. Le dije que ni siquiera tenía 5 segundos y empecé a subirme al carro.  En ese momento salió de su boca algo que nunca esperé escuchar.

-Es que me están observando y evaluando.

Miré en dirección de la tolda donde estaban las cajas de latas y varios otros jóvenes vestidos igual que este. Me subí a mi carro y al cerrar la puerta dije:

-Que te vaya bien hoy.

Muchos pensamientos pasaron a gran velocidad por mi mente: La injusticia de evaluar a un trabajador a la distancia sin saber en qué consistió la conversación. La arbitrariedad de darle una evaluación negativa porque no vendió un producto. La creencia ridícula que uno está obligado a regalarles tiempo a vendedores en estacionamientos. La arrogancia de creer que una venta depende totalmente de las destrezas del vendedor.

Si siguen ahí es porque les ha ido bien con esa estructura y seguramente han vendido miles de latas de lo que sea que venden. Te aseguro que varios compraron el producto para dejar de sentirse como rehenes, pero nunca lo usaron.

Consejitos:

  • No permitas que nadie tome el control de tu tiempo ni de tu bolsillo.
  • Es necesario establecer límites claros aun en los espacios y momentos improvisados.
  • No permitas que el deseo de «no caer mal» te convierta en víctima.