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¿Quién manda?

Ya van como cuatro veces esta semana que escucho lo mismo y creo que es hora de rescatar a aquellos que creen que es buena idea.

 

Déjame empezar aclarando un punto importante: si tu hijo te desobedece, el problema generalmente no es el niño, el problema eres tú. En otras palabras, si tu hijo o hija no hace caso a tus órdenes es que no has logrado convencerlo de que tú eres el adulto y simplemente por eso mereces su respeto.

 

Es muy probable que ignoraste su desobediencia cuando era más pequeño, alegando que era “gracioso”. Quizás, en tu afán de proveer permitiste que pasara todo el día en guarderías o con nanas que no estaban muy interesadas en inculcarle la importancia de la obediencia. Como sólo pasabas poco tiempo con él o ella, preferiste no ser la mamá regañona. Así que permitiste que ignorara tus órdenes creyendo que seguramente cuando llegaba a la escuela la maestra se encargaría de corregirlo.

 

Creo que no es necesario decirte que te equivocaste. Desde pequeños los niños necesitan aprenderse esta cancioncita: “¿Quién manda? Mamá y papá. ¿Cuándo se obedece? La primera vez”. Debes insistir que tus órdenes sean obedecidas. Inmediatamente. Así de sencillo.

 

Cuatro veces esta semana vi esto: una criaturita menor de 6 años corre alocadamente por el almacén o supermercado o clínica. La adulta repetidamente lo llama por su nombre. La criaturita sigue corriendo como si nada. La adulta exasperada le advierte: “mira, allí está el guardia y te va a llevar si sigues corriendo”.  ¡Cuatro veces la misma escena con actores diferentes!

 

¿No entienden que al hacer eso pierden autoridad frente al niño? ¿En serio creen que esa estrategia funciona?

 

Seguramente lo vieron en televisión.

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