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Suéltalo

Tengo un jardín bastante bonito, pero admito que sé muy poco sobre plantas.  Sin embargo, hace algunas semanas aprendí una lección valiosa.

 

Desconozco el nombre de esta planta, pero tiene unas flores anaranjadas preciosas. Me percaté de que el pote en que estaba ya le quedaba chico porque tenía dos matas y decidí pasarla al pote grande junto a la puerta principal.

 

Todo iba bien hasta que una de las matas se quebró.  Como no se desprendió por completo, decidí dejarla pegada con la esperanza de que se sanara. Pero al pasar las horas noté que se secaba. Unos días más tarde, con mucho dolor la terminé de arrancar. Me entristecí por haber tenido la brillante idea de cambiarla al pote grande.

 

Menos de una semana después de haber arrancado la mata quebrada, noté que en su lugar salían cuatro matitas nuevas.  Hoy mi planta de las flores anaranjadas está más grande y preciosa que antes y todo porque estuve dispuesta a arrancar lo que ya no servía.

 

Muchas veces no alcanzamos el éxito deseado porque nos aferramos a las cosas que ya no nos convienen. Hacemos esto por miedo a lo desconocido o por costumbre. ¿Quién sabe cuánto más podríamos lograr si dejáramos de operar desde una plataforma de temor y confiáramos más en nuestros talentos y en las promesas de Dios?

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