Blog

Adolorida, pero bella

Como no tengo cejas, se me ocurrió por segunda vez ir a tatuármelas.  Bueno, le dicen micropigmentación para que suene más sofisticado.  La cosa es que duele. Duele mucho.

 

En verdad me cansé de tener que pintarme las cejas, me cansé de no encontrar un color bonito para pintarme las cejas, me cansé de que la punta del lapiz se trabe en el sacapuntas y me cansé de salir de la piscina sin cejas.

 

Por todas estas razones profundas, decidí someterme una vez más a ese procedimiento doloroso. Durante el proceso me pregunté una y otra vez por qué estaba haciendo esto de nuevo.  Y cuando miré mi frente entumecida e hinchada en el espejo, me pregunté por qué a las mujeres se nos ocurren estas locuras.

 

Mi hija gritó cuando me vio (dice que se asustó)y la gente en la calle trataba de mirar para otro lado disimuladamene (pocos lo lograron) y me cansé de explicar que no estaba enojada, sino que tenía la frente y los párpados hinchados.

 

Bueno, ha pasado casi una semana, ya bajó la hinchazón pero el dolor sigue. Y todos los días me prometo a mí misma que nunca volveré a tatuarme nada y menos en la cara.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *