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Cero discriminación

Ayer estuve atrapada en el tráfico justo frente a una construcción. Era medio día, así que muchos de los trabajadores del proyecto estaban a orillas de la calle almorzando o simplemente conversando.

Como es la costumbre en Panamá, estos señores se entretenían piropeando a las mujeres que pasaban frente a ellos. Noté que un señor en particular, quien tendría unos 50 años de edad, les hablaba a todas las que pasaban sin importar edad ni talla. Les decía ‘buenas tardes, preciosa’ con una voz masculina extremadamente dulce y con un poquito de asombro, como si lo que decía era una gran verdad descubierta recientemente. No decía nada vulgar, como muchos suelen hacer. Era un simple saludo.

Como no avanzaba el tráfico, empecé a prestar atención a la reacción de las mujeres. Algunas lo ignoraban, pero cuando se habían alejado un poco, las vi sonreír tímidamente. Otras le dieron miradas groseras y una o dos le sonrieron y le contestaron.

Obviamente cuando lograba que la mujer le sonriera, el hombre se alegraba y hasta sacaba más el pecho. Las que lo ignoraron no lograron que él dejara de hacer lo que estaba haciendo. Y durante esos minutos, aprendí varias lecciones importantes:

1. Nunca sabrás lo poderosas que son tus palabras. Vi a algunas de las mujeres no sólo sonreír, pero también enderezarse después de pasar frente a este señor. ¿Quién sabe si ese saludo fue lo único positivo que escucharon en todo el día?
2. No todos los piropos son malintencionados. Algunos dirán que a todos hay que ignorarlos porque son vulgares, pero te aseguro que este señor nunca dijo una sola palabra vulgar mientras yo estuve en ese sitio.
3. A las mujeres nos gusta que nos digan que somos preciosas, no importa la edad. Varias de las mujeres que pasaron frente al lugar eran mayores de 50 y noté cómo ninguna pudo disimular el efecto que el saludo tuvo en ellas.
4. Un hombre se siente como ganador cuando logra hacer a una mujer sonreír.
5. Si todos fuéramos más amables, el mundo sería un lugar menos hostil.

Cuando finalmente se movió el tráfico, me alejé impresionada que este señor saludara a todas por igual, sin discriminación. Supongo que es cierto que cada persona da de lo que tiene y que una buena palabra tiene el poder para hacernos sentir bien.

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