Con el puño cerrado

Es fácil cazar monos. El proceso consiste en conseguir un frasco de vidrio con espacio suficiente para que entre la mano del mono. Luego meterle al frasco nueces, dulces o un banano.  El mono meterá la mano para coger lo que está adentro, pero no podrá sacar la mano con el puño cerrado.  Al mono no se le ocurre abrir su mano para soltar su premio y así el cazador logra atraparlo.

Suena tonto. Eso no le sucedería a un humano, creemos.

Sin embargo muchos de nosotros vamos por la vida aferrados a creencias que nos limitan. No nos hemos percatado que para crear una vida diferente, tenemos que estar dispuestos a abrir la mano y soltar aquello que nos mantiene atrapados, atascados y detenidos.

Eso que no queremos soltar podría ser una relación, un trabajo, un estilo de vida, un hábito…Nos agarramos fuerte porque creemos que eso es lo que nos hará finalmente sentir felicidad, paz, aceptación, amor. Pero no nos damos cuenta que para crear algo diferente nos toca hacer algo diferente; aferrarse a lo que no funciona no cambiará la realidad.

He escuchado a personas decir que comer X cosa les enferma, pero sabe demasiado rico.  Estas personas están escogiendo la enfermedad y a la vez les están diciendo a sus seres queridos que quieren verlos correr al hospital con ellos. Hay otros que te dicen que la pareja no sirve para nada, pero ya se acostumbraron o que ya no creen en ciertas doctrinas, pero sus amigos se congregan allí.

Lo que no estás dispuesto a cambiar, te ata. Así como los monos que prefieren mantener el puño cerrado aunque pierdan la vida, hay muchos con el puño lleno de migajas pero que no se atreven a abrir sus manos porque ya se acostumbraron al malestar.

¿De qué te estás agarrando? Quizás sea hora de soltar para ser libre.

 

Con el puño cerrado