Cosas de la vida

Sucedió algo interesante que podría haber pasado desapercibido. De hecho, pasaron varias horas antes de que yo me diera cuenta del significado de lo que había pasado. En ese momento sentí lástima genuina por el protagonista y lo que esa actitud revela de él. Déjame contarte.

El fin de semana me fui con unas colegas a la playa. El trabajo que realizamos es delicado y consume mucha de nuestra energía. Para poder seguir ofreciendo un servicio de calidad nos toca tomar en serio el auto-cuidado. Así que nos fuimos a pasear.

Pues yo practico ayuno intermitente y mi primera comida del día es generalmente entre 1 y 2 pm. Mis acompañantes decidieron merendar para así almorzar las tres juntas. Les dije que yo pagaría el almuerzo por ser tan lindas y esperarme.

Llegamos al restaurante y nos ubicamos afuera para disfrutar más del lugar. A pesar de que empezó a llover y tuvimos que cambiarnos de mesa, la pasamos muy bien porque conversábamos de muchos temas interesantes.

Cuando terminamos de comer entré al local en busca del mesero que nos había atendido, pero como no lo vi le pedí a otro joven que estaba cerca que trajera la cuenta. Mis compañeras se quedaron afuera y después de hablar con el segundo mesero, regresé a mi puesto y seguimos conversando.

El segundo mesero se acercó a la mesa con la cuenta. Extendí mi mano para tomarla, pero me ignoró por completo y puso la cuenta delante de una de mis compañeras. En broma le pregunté si no había visto mi mano extendida. No contestó y volvió a entrar al local. Le seguí y le pedí que me trajera el punto de venta, pagué la comida, ellas pusieron la propina y nos retiramos.

Varias horas más tarde recordé el incidente y me pregunté a qué se debía que el mesero automáticamente pusiera la cuenta delante de mi compañera si fui yo quien se la había pedido. Su actitud no tenía sentido. Mi mente empezó a llegar a una conclusión incómoda. Después de pesar el asunto tuve que concordar. Sentí mucha lástima que un joven de esa edad, en esa industria y en pleno siglo 21 tuviera una mentalidad tan retrógrada.

Muchas personas no se dan cuenta que cuando expresan ideas basadas en estereotipos o tienen actitudes racistas lo que realmente están haciendo es revelando su nivel de auto-rechazo. Cada quien da lo que tiene.