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Cosechando lástima

Últimamente mi lema es ‘si quieres seguir haciendo lo que hacen los demás, no te sorprendas cuando consigues los mismos resultados que consiguen los demás’. Lo veo casi a diario.

Recientemente conversaba con una esposa joven quien llegó a consulta porque después de muchos años, el esposo se cansó y se fue de la casa. Al inicio de la conversación ella me lo pintó como un hombre malo que la había hecho sufrir. Sin embargo varios minutos más tarde rompió en llanto y me confesó que todo había sido culpa de ella. Me contó que durante años ello lo humillaba y lo manipulaba. Me contó cómo ella hasta le prohibió hablar con su propia familia.

Después de pasarle la cajita de pañuelos desechables le pregunté a qué había venido. Fue en ese momento que respiró profundo y me dijo que quería cambiar y que estaba dispuesta a hacer todo lo posible por reconquistar a su marido.

Me encanta cuando escucho esto porque aquellos que vienen con quejas esperando que yo les diga cómo cambiar a su pareja, se estrellan. No tenemos el poder para cambiar a otros. Sólo podemos cambiarnos a nosotros mismos.

Pues le di la primera tarea:
-Asegúrate de que cada vez que lo veas, estés sonriendo y feliz.

-Eso no tiene sentido. Si me ve feliz pensará que estoy bien y se alejará más.

-No, te equivocas. Si te ve feliz se acercará porque él se enamoró de tu sonrisa y de tu felicidad. Andar con la cara larga llorando para despertar lástima es lo que lo ahuyentará. Eso de hacerse la sufrida no funciona.

La mujer lo pensó durante varios segundos y luego sonrió.
-Tiene razón. Mis amigas me han contado que eso es lo que hacen. Ponerse a llorar o hacerse las enfermas.

-¿Y cómo les ha resultado?

-Pues a ninguna le ha ido bien.

Reí a carcajadas. Esta mujer estuvo dispuesta a discutirme y a intentar la técnica que usan sus amigas aún sabiendo que a ninguna le había dado resultados positivos.

Así somos. Queremos hacer lo que hacen todos luego ponemos carita de sorpresa cuando recibimos los mismos resultados ridículos que reciben todos.

Un hombre se enamora de tu sonrisa, de tu felicidad, de tus ganas de vivir. El llanto, los ‘dolores de cabeza’ y el rol de mártir son estrategias de manipulación que raras veces arrojan buenos resultados.


Toni Blay / Foter / CC BY-NC-ND

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