Detrás de las máscaras

Últimamente escucho a muchos adultos entre 40 y 60 decir con orgullo que esta generación de jóvenes es débil y que ellos (los adultos) tuvieron muchos problemas también y no les afectó.  A veces me pregunto por qué las personas no analizan antes de lanzar ese tipo de expresiones. ¿Quién crió a los jóvenes de esta generación? Si los jóvenes están fallando es simplemente porque los adultos fallaron.

Te explico: Esos abuelitos adorables que hoy tienen 60 o más años de edad también sufrieron de depresión, ansiedad y otros problemas emocionales. La diferencia es que ellos heredaron algunas máscaras de la generación anterior a las que llamaron buenos modales, esposa sumisa, niños obedientes, familia unida, hombre trabajador, buena ama de casa, hombre de fé, mujer virtuosa, padre proveedor, madre abnegada, idiosincrasia, cultura, civilización…

Aprendieron a tolerar, aguantar, sufrir en silencio, alcahuetear, guardar secretos, imitar y aparentar para sobrevivir. Todo esto les hacía parecer personas fuertes y estables.  Esa fortaleza es la manera en que lidiaron con las circunstancias, pero no es una señal de salud mental. Detrás de esa máscara de madurez que les obligaron a ponerse escondían dolor profundo que nunca se les permitió expresar.

Esa generación de abuelitos fuertes pasó la máscara-que-esconde-todo-por-miedo-al-qué-dirán a sus hijos. Los hijos heredaron las máscaras y criaron a sus hijos bajo el mismo régimen de abuso verbal, físico, sexual, emocional, espiritual y académico alegando con orgullo «a mí me pegaban con el palo de la escoba y no me pasó nada», sin percatarse que se habían vuelto expertos en reprimir.

Nadie les dijo que esas máscaras tenían tiempo de expiración. Trataron de pasárselas a la siguiente generación y ya no se pudo; ya los hijos e hijas no tienen herramientas para esconder o disimular el dolor.

Y esto nos trae al presente: jóvenes que cargan  TODOS los traumas no resueltos de varias generaciones pasadas; problemas emocionales que no aparecieron de la nada ni son totalmente culpa de las redes sociales.

En lugar de juzgar, condenar y burlarse de los adolescentes que hoy sufren, en lugar de tratar de lucrar de su dolor, en lugar de tratar de mostrar una falsa fortaleza emocional superior, le toca a cada adulto sanar sus propias heridas.

Nos toca mirar hacia adentro y encontrar todo lo que escondimos detrás de la máscara. Nos toca admitir que nuestros ancestros hicieron lo que necesitaban hacer para sobrevivir, pero  es hora de cambiar la estrategia. Nos toca evaluar ese paquete de creencias, sacar las que ya no sirven y crear una nueva realidad basada en nuestra propia verdad. NOS TOCA SANAR.

Mentiste. Dijiste que no te pasó nada, pero sí te sucedieron muchas cosas y sin querer se las pasaste a tus hijos.