El ‘bullying’ disimulado

De niña yo era muy callada. Tanto así que en la primaria los maestros les dijeron a mi mamá que yo tenía problemas por que era tímida. En la secundaria me llamaban retraída. En la universidad pensaron que estaba deprimida y en la iglesia me llamaban amargada.

Parece que no importa qué hagas siempre habrán personas listas para etiquetarte. Por algún motivo la sociedad aun no entiende que cada uno tiene derecho a ser diferente sin que a otros les incomode.

Queremos decidir por los demás cuál es la talla ideal, el peso adecuado, el tipo de cabello perfecto, el tono de piel más favorable, el trabajo más conveniente, la pareja más fotogénica… y en ese afán de controlar a otros nos volvemos matones, acosadores– bullies.

Creemos que tenemos derecho a comentar sobre el cuerpo de otras mujeres como si las hubiésemos parido. A toda boca criticamos traseros, senos, cabellos, ropas y maquillaje como si nuestra opinión pagara las deudas de los demás. Seguimos ciegamente a ‘expertos’ en moda que no hacen más que manipular las emociones y hacer que uno se sienta inadecuada e insuficiente.

Luego miramos a nuestro al rededor con carita de sorpresa y nos preguntamos a qué se debe que tantas jovencitas estén sufriendo de ansiedad y depresión.

Nadie nace rechazándose. Eso se va aprendiendo a medida que uno llega en contacto con los que ya están aquí. Esa crítica despiadada y constante que llamamos “conversación”  y “opinión” entre amigas o familiares es más destructiva que las redes sociales que tanto culpamos por todo.  No, las redes sociales no son el problema; son un síntoma de la enfermedad que ya existe.

“Estás gorda” no es un saludo válido; es un ataque personal. Igual sucede con “estás flaca”. Y si alguien no te ha preguntado específicamente, no le des consejos para perder peso. No hagas comentarios despectivos sobre el cabello ajeno creyendo que le estás ayudando o alegando sinceridad.  Muérdete la lengua si lo que va a salir de tu boca no edifica ni inspira.

Solamente una persona que haya aprendido a aceptarse completamente posee la madurez y las herramientas para aceptar a otros. La mayoría solamente puede dedicarse a juzgar, criticar, burlarse y condenar porque cada uno da lo que tiene.