Tirada en mi cama

Hace unos días me tiré en mi cama a filosofar. Me puse a pensar en el proceso de envejecimiento y por qué es traumático para muchos y provoca miedo en otros. Me pregunté por qué nos convencieron que envejecer es sinónimo de enfermedad y decaimiento. Nos dijeron que a cierta edad empezamos a tener achaques aleatorios, se nos llena la mesita de noche de medicamentos y la grasa empieza a acumularse en lugares inconvenientes.

Al aceptar esa descripción, sin querer aceptamos la creencia que con la edad se pierde la belleza física y la relevancia. Automáticamente la mayoría sucumbe a esas ideas sin detenerse a analizar lo distorsionadas y ridículas que son.

Pensé en las frutas. Una fruta verde raras veces tiene buen sabor. Al mango verde le echamos sazón para que sepa rico. Hay otras frutas que cuando están verdes ni las volteamos a ver. Cuando están maduras se llenan de sabor, pero esa madurez también es señal que el fin está cerca.

Nuestra sociedad está obsesionada con la juventud. Muchos creen que en las primeras 3 décadas de vida se tiene todo, se logra todo y se es todo pero que ya después de esa edad uno se vuelve insignificante y debe relegarse a su mecedora.

Hay tantas historias reales de mujeres y hombres que descubrieron el verdadero significado de sus vidas después de los 40. Varios finalmente dejaron relaciones infructíferas, muchos se enamoraron por primera vez y empezaron a amarse incondicionalmente, cambiaron de carrera, aprendieron a disfrutar de la vida, empezaron a viajar, se compraron el carro deportivo que siempre quisieron…

A los 50 descubrí que en las primeras 3 décadas de vida realmente no sabes nada pero te crees un sabelotodo. La ignorancia es arrogante y atrevida.

Dejemos de animar a la gente a casarse cuando aun no se han descubierto a sí mismos; todos sabemos bien que muchos de los que se casan antes de los 30 terminan odiándose. Dejemos de obligar a las mujeres a creer que tienen que convertirse en madres cuando ellas mismas aun necesitan que las terminen de criar. Dejemos de esperar que a los 17 escojan una carrera universitaria y se comprometan a eso el resto de sus vidas cuando aun no saben quiénes son. Dejemos de hacerles creer que cuando detecten la primera arruga o cana hay que sufrir y creer que la vida se ha terminado.

Un mango maduro es un manjar. También lo es una mujer madura que ya se ha descubierta a sí misma. Su exquisitez viene de la experiencia. Cada rollito, cada bultito la hacen más sabrosa y su belleza está basada en las historias que esconde detrás de su mirada.

 

 

 

2 comentarios en «Tirada en mi cama»

  1. Totalmente de acuerdo. Tengo 57 años y me siento más vibrante, exuberante, radiante, relevante, sabía y alegre que nunca. Las cosas que he aprendido a lo largo del andar de la vida me llenan de gratitud y alegría. No hubiese querido vivir la vida de ninguna otra manera puesto que he logrado todos mis objetivos. En esta fase de mi vida me he trazado nuevos sueños y metas. Cada día trae la oportunidad de aprender cosas nuevas y de dejar forjado un legado. Que maravilloso momento para estar viva. ¡Por cierto, me encantó la descripción de la fruta, muy real y atinada!

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