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Esa mamá

Hace algunos años me encontraba en una tienda muy conocida escogiendo regalitos para darles a los maestros de mi hija. Se aproximaba el Día del Maestro y como educadora sé cuánto uno aprecia esas pequeñas muestras de agradecimiento. Con la intención de ayudarme a elegir bien, la joven que me atendía preguntó cuál era la ocasión. Cuando le dije, miró a la otra joven que estaba detrás del mostrador y comentó: “ah sí, es mañana. Pero no les daré ni un caramelo a esas maestras. Las dos fueron una porquería.”

Nunca olvidaré la pasión con la que lanzó esas expresiones. No sé qué le habrán hecho esas maestras, pero de seguro todo no pudo haber sido tan malo. Supongo que depende del punto de vista.

Esto de ser maestra no es facil. Pero lo he hecho durante estos 23 años porque me encanta. Una vez una compañera de trabajo me dijo que cuando uno decide ser educador uno tiene que prepararse para dos cosas: la ingratitud de los padres y la incomprensión de los administradores de la escuela. Es tan cierto.

No defiendo a todos los educadores, porque sé que hay varios que deshonran el título. Pero también sé que hay muchas madres que creen que tienen el derecho de insultar a la maestra del niño porque ésta lo corrigió o porque no cree que es tan maravilloso.

En mi segundo o tercer año de trabajo una mamá se me acercó tempranito una mañana y derramó tanta furia y odio sobre mí que me dejó temblando. Pasé todo el resto del día con dolor de estómago. Cuando ella terminó de insultarme y amenazarme le dije que no entendía a qué se debía su ataque si su hijo tenía buenas calificaciones en ciencias y me dijo “ah, ¿usted no es la de matemáticas?”

En otra ocasión un papá irrumpió en mi salón de clases gritando histéricamente porque la administración no permitió que su hijo presentara los exámenes debido a que tenía cuentas pendientes. El hombre enojadísimo se acercó al escritorio y me lanzó varios billetes de $20. “¿Quieres plata? ¡Ahí la tienes!” Me gritó con odio. El hijo, quien estaba en el aula, tuvo que sacar al papá casi arrastrado. El pobre muchacho no hallaba ni cómo más disculparse conmigo.

Yo entiendo que tu hijo es lo más valioso que tienes y que cuando sientes que te lo ofenden te transformas, pero no te da el derecho de atacar, insultar, ofender o amenazar a la maestra. Lo más triste es que en la mayoría de los casos es un asunto de mala interpretación.

A los administradores de centros educativos les recomiendo que no permitan que los padres y madres aborden a los maestros cuando les de la gana. No se les puede dar libre acceso al salón de clases ni al salón de profesores. ¿Qué calidad de formación puede brindar un maestro que acaba de recibir un insulto o una manotada delante de sus propios estudiantes? El que tenga algo que decir o reclamar, que saque una cita y presente su caso con calma.

Dentro de pocas semanas iniciamos un nuevo año escolar en Panamá. Piensa antes de actuar. Averigua bien las cosas antes de sacar conclusiones. La educación es un trabajo en equipo y la maestra no es tu contrincante.

cybrarian77 / Foter / CC BY-NC

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