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Lo que te toca

Ayer conversaba con una abuela que llevó a su nieta para ser evaluada antes de matricularla en una escuela de la localidad. Como es mi costumbre, pregunté a qué se debía el cambio de escuela. La niña apenas va para cuarto grado y esta sería la tercera escuela en la que la matriculan. La abuela, quien es la persona que pasa la mayor parte del tiempo con la nena, me contestó que esta vez el cambio se debía a que la escuela actual es muy cara. Supongo que quien sea que la matriculó al inicio del año estuvo informado sobre la inversión necesaria. Además se que esa escuela en particular no tiene planes de aumentar los costos, así que no me pareció una queja válida. Sin embargo, no insistí.

Varios minutos más tarde, la señora volvió a tocar el tema y me dijo en voz baja “es que en esa escuela no le enseñaron las tablas.” La miré detenidamente por unos instantes y escogí muy bien mis palabras y mi tono de voz para no parecer irrespetuosa.

“Discúlpeme, señora, ¿pero no le parece que eso la niña lo tiene que aprender en casa? La escuela no puede responsabilizarse por todo. ¿Nunca le pidieron que se aprendiera las tablas?”

“Bueno, sí. A veces envían notas sobre eso. Supongo que como yo la cuido yo debería asegurarme que se las aprenda. Es que la mamá llega de noche y muy cansada.”

No me sorprende la actitud de esta abuela. Lo he visto muchas veces durante mis 24 años de docencia. Demasiados padres y madres creen que su único deber académico es comprar los materiales escolares, el uniforme y la merienda. Creen que la escuela debe hacer todo lo demás. No se involucran en el proceso de aprendizaje de su hijo o hija. Es más, cuando la escuela pide que les lean cuentos a los pequeños para que desarrollen el hábito de la lectura son muy pocos los que lo hacen porque dicen que no tienen tiempo o que para eso pagan.

¡Cuán confundidos están!

Ya se acerca el último trimestre y hay una gran cantidad de niños y niñas de primer grado que no han aprendido a leer aun. Sería súper fácil culpar totalmente a las maestras y por ende a las escuelas. Pero la verdad es que ese niño es tuyo. Tú debes estar pendiente de lo que está aprendiendo.

En estas últimas semanas en que me ha tocado evaluar a estudiantes de primer ingreso de las tres escuelas con las que colaboro, me he encontrado con una buena cantidad de estudiantes que van para segundo y hasta tercer grado y no saben leer. Pero lo más impresionante es la carita de sorpresa que ponen las mamás cuando les digo “Le pedí a su hija que me leyera de este libro y no pudo.”

¿Cómo no se dio cuenta? La respuesta es sencilla: no está comprometida con la educación de su hija.

Sí, la escuela y la maestra también tienen que ver en el problema, pero al final del día, ese hijo es tuyo.


dcJohn / Foter / CC BY

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