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¿Para qué pensar?

Esta mañana sucedió algo que me dejó pensando por un buen rato. Es que he notado que la mayor parte del tiempo muchos de nosotros simplemente actuamos sin analizar; no nos detenemos a entender si lo que estamos haciendo es una decisión personal, instinto, costumbre o imitación.

Hace un rato empecé a congelar botellas de agua para poder brindarles a los señores que recolectan la basura. Generalmente son 3 de ellos y cada lunes y jueves les dejo 3 botellas afuera porque no quiero ni imaginar la cantidad de calor que deben sentir vestidos así y haciendo ese trabajo en este clima.

Esta mañana noté que solamente me quedaban dos botellas de agua en el congelador. Así que decidí darles también tres  juguitos de esos que vienen con un carrizo envuelto en plástico (bombilla, pajita, pitillo, sorbete, popote). Me agradecieron y entré a casa para observarlos discretamente por la ventana.

Lo que vi me hizo inclinar la cabeza a un lado.

Casi con sincronización, cada hombre abrió el plástico con el carrizo y lo dejó caer a la calle.

Literalmente ellos se transportan en el camión que lleva la basura. Acababan de meter mis bolsas con basura en el camión. Pero ese plástico transparente no entró al camión. ¿Por qué?

Podríamos pasar media hora hablando de respeto, educación, actitud… pero perderíamos de vista el punto más importante: actuamos de ciertas maneras porque así lo aprendimos de pequeños y nuestros cuidadores también lo aprendieron de pequeños y así los de ellos. Muchas de nuestras creencias y costumbres no empezaron con nosotros, no las escogimos y ni siquiera nos detuvimos a analizarlas ni cuestionarlas, simplemente actuamos en base a lo que otras personas (quizás ya muertas) establecieron. Lo hacemos automáticamente, sin pensar.

Hace unos días en el supermercado vi a una pareja con una nena como de 8 años tomar una botella con agua y dársela a la niña para beber. Cuando la niña terminó le preguntó al papá qué hacer con la botella vacía y el papá le indicó que la dejara en uno de los estantes. La niña obedeció y los tres siguieron con sus compras como si nada. Cuando crezca esa niña y tenga sus propios hijos, corre el riesgo de hacer exactamente lo mismo si no se detiene a pensar.

Qué lástima que seamos así. ¡Imagina cuánto podríamos lograr si de vez en cuando cuestionáramos nuestros hábitos y creencias!

3 comentarios en “¿Para qué pensar?

  1. Cierto, pocos pensamos las acciones antes de ejecutarlos. Los malos hábitos se convierten en acciones automáticas. No llevar un receptáculo para las basurillas, escupir donde sea, peinarse en el autobus, andarse la naríz- oreja-boca, rascarse axilas-ingle-cabeza y seguir comiendo, morderse las unas, pasarse saliba en las cejas-patillas… Ya no es un secreto que en 21 días puedes cambiarlos.

  2. Es por eso que para otros los que pensamos llegamos a ser para ellos una especie de amenaza aunque no lo crea y parezca increible. A mi siempre me ha encantado la idea de ser diferente, de pensar y de hacer muchas preguntas. Cuando me dicen, siempre con tus cosas o que vamos a hacer contigo, es un halago. Hay que romper los patrones y aprender a pensar y analizar las cosas por uno mismo. Esa clase de libertad de pensamiento y de acción no tiene precio y hace que la vida sea disfrutada a plenitud y con todos los sentidos. No hay nada mejor que eso. Aprende a bailar a tu propio ritmo!

  3. Qué lástima que no me sorprende, recuerdo que de niña, una vez mi mamá comía algo y le vi tirar el plástico y en ese momento le dije “mamá como puedes tirar eso a la calle, debes tirarlo en una cesta de basura o llévalo a casa”, aún tengo su rostro de asombro grabado en mi memoria, agradezco siempre cuestionar lo que me han enseñado y eso nos permite evolucionar.

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