Privacidad

Cuando recién llegó la telefonía celular a Panamá nunca imaginamos el lugar de importancia en nuestras vidas que ocuparían estos aparatitos. Recuerdo en ese entonces que muchos dijeron que no estaban interesados en poder ser contactados con tanta facilidad. Lo veíamos como un simple teléfono que muchos llevaban en el cinturón. ¡Jamás  pensamos que el celular llegaría a ser casi indispensable! Hoy día algunas personas tienen ataques de ansiedad legítimos si no encuentran el celular.

No hay duda que el celular nos ha hecho la vida más fácil y ha agilizado la comunicación. Esto tiene muchas ventajas, pero también tiene su lado feo. Como es tan fácil contactar a los demás hemos empezado a creer que siempre tienen que estar disponibles para nosotros. Queremos llamar y que contesten de una vez y queremos chatear y que no nos dejen en ‘visto’.  Esta creencia que debemos poder tener acceso a otras personas cuando así lo deseamos ha provocado muchas discusiones y causado sufrimiento innecesario.

Como he dicho muchas veces, yo soy introvertida. NO SOY TÍMIDA. Ser introvertida significa que necesito más privacidad que otros, disfruto de mis propios pensamientos y me drena estar en situaciones sociales. Las introversión no es un defecto; es una forma de ser. A las personas que son extrovertidas les cuesta entender que alguien no quiera estar en una fiesta o reunión social y lo ven como un problema. No lo es.

Esto significa que no me gustan las visitas sorpresa, las conversaciones superficiales, ni las llamadas telefónicas.  Por lo general cuando suena mi celular solamente contesto si se trata de mi madre, mis hijas o mi esposo. Todos los demás necesitan enviar un mensaje de texto o de voz. Esto también significa que no me gusta que le pasen mi número de celular a personas que no conozco.

Hace unos días antes de las 8 am recibí un chat de un número desconocido. La persona se presentó y dijo que necesitaba llamarme para contarme algo. Le dije que lamentablemente no podía atender su llamada, pero podía enviarme un mensaje de voz o si quería una cita podríamos coordinarla.  Insistió que era importante y exigió que atendiera su llamada. Le repetí que no estaba disponible para su llamada y el señor se ofendió. Lanzó varias expresiones pasivo-agresivas de manipulación que pensó que me harían cambiar de opinión. No le fue bien con eso; ni siquiera le contesté y bloqueé su número. Obviamente alguien le pasó mi número, le dijo que yo soy psicóloga y él pensó que era mi obligación atenderle. Pues no, no lo es.

A medida que la tecnología va cerrando brechas, vamos perdiendo el concepto de privacidad; compartimos de más o queremos saber de más.

Te invito a que te tomes 1.5 onza de humildad, respires profundo y te preguntes si tú también te crees con derecho a infringir las normas de privacidad de otros y qué puedes hacer para cambiar eso.

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